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RESPUESTA A LA CONSULTA

¿Cómo se perfecciona la Técnica y la Táctica?

En el baloncesto los entrenadores y jugadores han aceptado por rutina diversas directrices técnicas. La técnica estandarizada se considera un modelo. Para ser ampliamente aceptado, un modelo tiene que ser biomecánicamente sólido y físicamente eficaz. Pero la técnica utilizada no siempre reúne estas dos condiciones. Por lo tanto, copiar la técnica de un jugador de éxito no tiene que ser necesariamente aconsejable.

Los modelos son más flexibles que rígidos y permiten a los entrenadores y a los jugadores incorporar continuamente nuevos descubrimientos. Además, al margen de lo perfecto que pueda ser un modelo, los jugadores no siempre lo realizarán de forma idéntica. Casi todos los individuos exhiben sus estilos personales. El modelo a seguir es la técnica y el patrón individual de llevar a cabo una habilidad representa un estilo. Por lo tanto, el estilo distingue el patrón de un individuo a la hora de llevar a cabo un modelo técnico.

La estructura principal de un modelo no cambia cuando los jugadores intentan imitarlo, pero sí se puede alterar el modo de llevar a cabo un modelo con elementos como el tamaño, la influencia de las extremidades, el peso del cuerpo y las cualidades motoras como la coordinación y la potencia, así como la personalidad y el carácter. Los jugadores suelen desviarse de un modelo y desarrollar sus propios estilos en la ejecución. Por ello, muchos grandes jugadores tienen su propio estilo a la hora de desarrollar sus habilidades, y su rendimiento suele enriquecer el modo en el que juegan.

En el baloncesto, consideramos que el estilo de juego es un atributo de un equipo concreto. El estilo del equipo, por lo tanto, tiene implicaciones tácticas, así como aplicaciones a la preparación técnica y táctica. El mismo deporte suele jugarse de formas ligeramente diferentes en ciertos países o continentes. Como en cada uno de estos países se juega al mismo deporte con tácticas diferentes, es justo decir que hasta en las tácticas hay estilos específicos.

Como resultado de las innovaciones continuas, la técnica evoluciona constantemente. Lo que parece avanzado hoy puede parecer anticuado mañana. El contenido del entrenamiento técnico, por lo tanto, nunca es el mismo. Tanto si provienen de la imaginación del entrenador como si se apoyan en la biomecánica del deporte, todas las novedades técnicas tienen que reunir los requisitos de la competición. Cualquier técnica tiene que modelarse permanentemente según los elementos específicos de la competición.

Como el ritmo de un partido varía en función del juego del oponente y del ambiente físico, así como de las condiciones climáticas incontrolables, los jugadores tienen que entrenar bajo condiciones variables similares y ser capaces de adaptarse a situaciones de juego desconocidas cuando se les presenten.

La mejora y el perfeccionamiento de la técnica están unidos di­rectamente a los rasgos físicos y psicológicos del individuo, lo que a menudo dicta la posición y el papel de un jugador en un equipo. Por ejemplo, cuanto más bajo y rápido sea, y mayor nivel de inteligencia táctica tenga, más posibilidades tendrá de representar el papel de coordinador del partido, como el base en el baloncesto.

El control de la técnica y la táctica requiere un esfuerzo y una atención constantes a medida que el conocimiento se expande y evoluciona. La experiencia práctica y la investigación han contribuido enormemente al avance del conocimiento técnico y táctico, y el resultado de estas exploraciones ha desembocado en la mejora de los rendimientos.  

En el baloncesto, deporte en el que las habilidades motoras complejas son vitales para alcanzar el éxito, hay que considerar las siguientes estrategias:

 
 
 

•   Crear y establecer un modelo adecuado que reúna técnicas y estrategias eficaces. Seleccionar sólo las estrategias que el equipo pueda llevar a cabo de forma efectiva, basadas en el  conocimiento de la técnica y los atributos físicos de los jugadores.
•    Perfilar la dirección y los métodos más efectivos de controlar las técnicas y estrategias a lo largo de todas las fases del juego. Esto se puede conseguir enseñando “de lo simple a lo complejo”, en función del progreso técnico de los jugadores como individuos. A medida que se van adquiriendo habilidades simples, se pueden ir introduciendo habilidades más complejas.
•     Emplear enfoques racionales para perfeccionar técnicas y estrategias con el fin de producir el mejor modelo para mantener el control del juego. A medida que mejoran las habilidades, se pueden ir introduciendo maniobras tácticas que progresivamente se irán convirtiendo en parte del modelo táctico empleado por el equipo.

El desarrollo de las habilidades técnicas y tácticas no depende sólo del conocimiento y la capacidad de enseñanza del entrenador, sino también de la capacidad de los jugadores para controlar nuevas habilidades y elementos tácticos. El potencial de aprendizaje depende de la capacidad de un jugador para procesar nueva información basada en modelos previos y de las capacidades físicas del individuo. Los ejercicios de preparación y progresión y los medios audiovisuales de apoyo son herramientas muy efectivas para completar la explicación de un entrenador y ayudarle a perfeccionar las habilidades de los jugadores.

Los jugadores mejoran sus habilidades técnicas y tácticas en tres fases:

Primera fase. El objetivo principal es desarrollar los componentes físicos y los elementos técnicos de una habilidad. A medida que se van refinando los componentes, se van integrando progresivamente a un sistema completo. El desarrollo de estos componentes técnicos ha de ir paralelo al desarrollo de las habilidades físicas dominantes o de apoyo (como la potencia y la velocidad), ya que la ejecución adecuada de una técnica es una función de la preparación física. Es mejor iniciar esta primera fase en la etapa preparatoria del plan anual.

Segunda fase. El principal objetivo de esta fase consiste en perfeccionar sistemas integrados (la habilidad completa) en condiciones estandarizadas que reflejen un ambiente de competición. Se pueden  introducir competiciones de carácter amistoso al final de esta fase y continuar entrenando las habilidades motoras específicas de la posición. Es mejor iniciar la segunda fase de perfeccionamiento de una habilidad en la segunda parte de la etapa preparatoria.

Tercera fase. El principal objetivo durante la tercera fase consiste en estabilizar el sistema integrado y adaptarlo a las situaciones de juego. Por lo tanto, los entrenadores tienen que exponer a sus jugadores a presiones comunes que pueden encontrarse en una competición (como el ruido o la fatiga) para que se acostumbren a las futuras circunstancias en un partido.