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RESPUESTA A LA CONSULTA

¿Cuales son los efectos generales del entrenamiento?

El entrenamiento tiene como finalidad aumentar la capacidad de rendimiento del deportista. Se entiende por estado de entrenamiento la capacidad de rendimiento aumentada consecuente al requerimiento corporal repetido y al cambio vegetativo del organismo que este requerimiento ocasiona; un buen entrenamiento hace posible el desarrollo de una energía mayor, la cual proporciona la aptitud de soportar sin cansancio una determinada sobrecarga durante cierto tiempo.

Los efectos del entrenamiento tienen su fundamento en el fenómeno de la adaptación; consiste en el hecho de que una función más intensa hace a los órganos capaces de dar un rendimiento más elevado. Otra regla dice que los estímulos débiles mantienen la actividad vital, pero sólo los estímulos intensos son capaces de desencadenar procesos de adaptación, mientras que los estímulos demasiado intensos resultan perjudiciales. De ello se colige que los requerimientos de rendimiento deben estar en la proporción debida con la capacidad de rendimiento, es decir, que deben irse aumentando poco a poco.  Mallwitz resumió la fisiología del efecto del estímulo en la frase siguiente: “El ejercicio refuerza, no hacer ejercicio debilita, el entrenamiento excesivo perjudica, el ejercicio bien dosificado cura”

La intensidad del impulso y la duración de este tiene una importancia decisiva para la puesta en marcha de los mecanismos de adaptación; además, es causa de una diversa medida de adaptación la frecuencia con que actúa el estímulo, (trabajo que se realiza continuamente o a intervalos rítmicos, es decir, interrumpido por pausas cortas)  En el organismo humano no sólo llega a producirse un aumento de sustancia, que es  condición previa para la realización de funciones elevadas, sino que también tienen lugar modificaciones de la estructura de lo más delicado de los tejidos y de la estructura mecánica, de tal modo que los estímulos del entrenamiento no ocasionan sólo alteraciones cuantitativas, sino cualitativas.

El rendimiento no aumenta simplemente de modo paralelo a la medida progresiva del entrenamiento, sino que esta relación va disminuyendo de manera progresiva. Es por ello que el sujeto no entrenado puede conseguir un aumento del rendimiento relativamente grande en breve tiempo, y ello sólo con breves ejercicios de entrenamiento que sobrepasen el umbral. En un principio no alcanzaría mucho más, aún en caso de someterse a un régimen de gran entrenamiento. En cambio, el entrenado necesita cada vez más entrenamiento si quiere seguir aumentando su rendimiento, hasta que, finalmente, incluso el entrenado al máximo llega al límite de su capacidad de rendimiento.

Lo anteriormente comentado es solo una parte del problema del entrenamiento pues no se trata de mejorar el rendimiento de trabajo muscular, sino que para el baloncesto se precisa una mejoría de la coordinación de la dinámica en el curso del movimiento, etc. Tal como ha demostrado la práctica, los músculos pierden con facilidad la rapidez de acción; por ello es decisivo mantener la relación correcta entre fuerza y dinámica.

Un entrenamiento unilateral que fomente el desarrollo muscular del deportista pero que no ocasione un importante aumento del rendimiento del corazón y del aparato circulatorio, conduce a que el deportista tenga un corazón relativamente pequeño en proporción a su peso corporal. De este modo se aclara su predisposición al colapso al realizar ejercicios deportivos que se acompañan de respiración comprimida.

Junto al entrenamiento destinado a la adquisición de fuerza, existe la posibilidad de realizar un entrenamiento especial destinado a mejorar la resistencia, a aumentar la rapidez y a incrementar la habilidad; en la práctica, estas finalidades se imbrican en parte. Mientras que el entrenamiento de la fuerza muscular reporta el desarrollo de las fibras musculares y, por ello, el rendimiento del músculo, cuando mediante un entrenamiento realizado con regularidad se pone a prueba la musculatura en cuanto a la duración de su rendimiento dinámico, se consigue una mejor capilarización del tejido muscular. Ello hace posible una mejoría en el aporte de oxígeno, reduciéndose por ello la fatiga.

Bajo el concepto de resistencia general se entiende la capacidad de resistir la fatiga que se produce en la realización de ejercicios combinados, habiendo una deuda elevada de oxígeno. 

El aumento de la rapidez depende de la mejoría de la coordinación; “para el aumento de la rapidez tiene importancia, ante todo, la mejoría de la función del sistema nervioso” Al realizar un entrenamiento en velocidad se fomenta la mejora muscular mediante su activación máxima en un momento breve, aumentando la capacidad de resistencia mediante la repetición frecuente del ejercicio. Se consigue una ganancia complementaria de fuerza rápida realizando ejercicios con sobrecargas a elevada velocidad.

Especialmente para la mejora técnica, es preciso mencionar la mejoría de la “economía del movimiento” que se puede conseguir con el entrenamiento. La economía del movimiento es esencial para la adquisición de la técnica depurada. Mediante la repetición continuada de una determinado trayecto del movimiento puede conseguirse una coordinación útil de los movimientos. La trayectoria de la educación de la coordinación se resume en: irradiación – concentración – automatización.

En la práctica del entrenamiento, junto a los hechos fisiológicos más arriba mencionados, hay que tener en cuenta también principios psicológicos y educacionales. Para todo rendimiento elevado es condición previa el entusiasmo y la voluntad; es preciso mantener y reforzar estos elementos durante el entrenamiento. Para ello, el jugador deberá conocer la constitución del entrenamiento y sus fases, así como sus principios.

El componente de entrenamiento en comunidad que ofrece la práctica del baloncesto favorece grandemente el objetivo educacional. Sin embargo, para conseguir una plenitud funcional y psicomotriz del deportista, el entrenamiento debe completarse mediante entrenamientos individuales.

Una disposición personal acertada respecto al entrenamiento y a la competición contribuye de modo positivo a la formación de la personalidad. Especialmente en la educación de los jóvenes es preciso fomentar un continuado desarrollo progresivo de las cualidades caracterológicas y morales del deportista.