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El Talento

 

La periodista Nana de Juan, que trabaja para la Agencia EFE en Barcelona, hizo una interesante entrevista a Dan Coyle, que se publicó en diversos medios de comunicación como “El Universal” (13 de Noviembre de 2009)  o “La Vanguardia” (15 de Noviembre de 2009). Por su interés la reproducimos a continuación.

 

En su cuarto libro, Las claves del talento (Zenith), Coyle nos explica que “el talento no es un don misterioso que responde a las leyes del azar y a la genética, sino a un aislador celular, la mielina, que se desarrolla en respuesta a determinadas señales”.

El periodista norteamericano Dan Coyle emprendió un largo viaje de 14 meses por toda la geografía mundial para descubrir los “semilleros de talento” o aquellos lugares en donde, de modo fortuito, brillaban con luz propia grandes figuras de la música, el tenis, el futbol o la literatura, sin ningún antecedente genético pero donde se dan los tres elementos fundamentales: práctica intensa, motivación y buenos maestros. “Una habilidad se desarrolla a través de la observación, hasta el punto en que uno se pueda imaginar a sí mismo poniendo en práctica lo observado; repetir, valorar el error, trabajar más lentamente: conquistar la precisión, y aprender a sentirlo: intentarlo y volver a intentarlo”.

“El talento no es un don misterioso que dependa de las leyes del azar y la genética, sino que la clave para desarrollar una habilidad consiste en la convergencia de tres elementos: la práctica intensa, la ignición (una especie de energía, pasión y compromiso) y un buen maestro instructor”, asegura Doyle (Sant Louis, Missouri) en sus conclusiones.

Misteriosa mielina

Cuando se juntan todos estos elementos, el cerebro genera mielina, un aislador celular que envuelve los circuitos neuronales en respuesta a determinadas señales y que resulta un elemento clave para hablar, leer y desarrollar las habilidades del aprendizaje.

“Investigadores y científicos han descubierto recientemente que la capacidad para potenciar nuestras habilidades  reside en la mielina, una materia muerta, una especie de grasa que envuelve las neuronas que ha resultado ser una ‘epifanía’, porque manda al cerebro construir su banda ancha”, asegura en una entrevista hecha en la ciudad española de Barcelona.

“Mediante la mielina se generan señales en el cerebro y se consigue que los circuitos cerebrales vayan 100 veces más rápidos y que circulen por ellos 3 mil veces más de información, como se ha conseguido observar con los TACS y las Resonancias Magnéticas”, remacha el periodista.

Para este experto, “todo el mundo puede generar mielina durante toda su vida, aunque se active mucho más durante la infancia, su crecimiento permite toda clase de habilidades y podemos percibir su incremento a través de sus efectos, observando cómo desarrollamos nuestras habilidades”.

Según los diferentes estudios sobre la materia, la mielina empieza a agrietarse con la edad, pero somos capaces de generarla incluso cuando empieza a romperse, ya que se crea hasta el final de nuestra vida.

Principio de error-acierto

“En aquellas situaciones en que la gente se ve obligada a enfrentarse a nuevos retos, como cometer errores, prestar atención o prácticas intensas, se tiende a aumentar nuestra reserva cognitiva”, afirma Coyle.

“Cada niño es diferente al nacer, cada entorno distinto y todos salimos del feto materno con nuestros puntos fuertes, pero somos unas máquinas de aprendizaje que dependen del entorno, de la ilusión, de un buen maestro y de que nos enamoremos de lo que hacemos”, puntualiza Dan Coyle.

Por tanto, este periodista considera  que “el talento no es innato” y aconseja que prestemos atención a todo aquello que fascina a nuestros hijos, que les mostremos nuestro aliento y que les expliquemos cómo funciona el mecanismo de la mielina.

Importancia del compromiso

Para llevar a cabo esta práctica intensa se requiere lo que el experto califica de “ignición o una motivación compuesta de energía, pasión y compromiso”. “La ignición suministra la energía, mientras que la práctica intensa convierte esa energía, con el tiempo, en progreso activo, algo que conocemos como capas de mielina. De manera esencial, toda habilidad precisa de un maestro instructor, pero no un maestro corriente, sino una persona que enseñe el amor de lo que se hace”, remacha este periodista, que vive actualmente en Alaska y es editor de la revista Outside.

“Las claves del talento se pueden aplicar en distintas facetas de la vida, desde la educación, en donde es básica la alta calidad de los maestros, hasta el mundo de los negocios, ya que cuanto más adopte una organización los principios de ignición, práctica intensa e instrucción maestra, mayores serán sus resultados”, insiste el periodista.

La Shyness Clinic de Palo Alto (California) tiene como teoría que “las habilidades sociales son como las musculares y que, practicándolas, se pueden llegar a conseguir ambas habilidades”.

“La clave está en permanecer un tiempo en esa zona incómoda, en aprender a tolerar la ansiedad y, si se practica, se puede llegar a alcanzar el nivel que se desea”, enfatiza el experto. (Efe)

 

 

La también periodista y escritora Ima Sanchís artífice de singulares entrevistas en la contraportada del diario “La Vanguardia” entrevistó a Dan Coyle en 17/11/2009, periodista y escritor que ha recorrido el mundo en busca del talento. Dan Coyle dice  que "El talento ni es innato ni es genético: el talento se cultiva"

 

¿La excelencia es un hábito?

Eso dijo Aristóteles: "Somos lo que hacemos repetidamente". La excelencia es un hábito que podemos cultivar a través de una serie de mecanismos y circuitos neuronales.

Ha creado usted el club de fans de la mielina.

Esa sustancia que rodea el núcleo de las neuronas es como la banda ancha de nuestro cerebro, pero en este caso no hay ningún técnico que nos la instale; para establecerla y que nuestro cerebro funcione a mayor velocidad, fuerza y precisión, necesitamos práctica y repetición.

¿Más mielina, más excelencia?

Exacto, y todos podemos cultivarla. El neurólogo Bartzokis, investigador de la mielina, dice que todas las habilidades, todo el lenguaje, toda la música, los movimientos, están hechos de circuitos vivos; y todos los circuitos crecen según determinadas reglas.

¿Reglas que aplicaban ya los florentinos del la época de Miguel Ángel?

Pensamos que esa época y ese lugar dieron una gran cantidad de talentos innatos, pero en realidad era fruto de un sistema de formación en el que los niños a partir de los 7 años se convertían en aprendices activos de grandes maestros. No escuchaban ponencias, sino que hacían, preparaban frescos y pinturas durante diez años.

¿Hay que volver a los oficios para superar el fracaso escolar?

La práctica intensa realizada con energía, pasión y compromiso; con motivación, junto con la admiración por los maestros y la integración de los errores como parte del aprendizaje, son las claves que he visto repetirse a lo largo de mi investigación en los variopintos semilleros de talentos.

¿Cómo empezó todo?

Haciendo un reportaje sobre un club de tenis muy pequeño del que había surgido un gran campeón, me di cuenta de que ese club había dado más campeones que todos los clubs de EE. UU. juntos.

¿Qué entiende por práctica intensa?

Al límite de nuestras habilidades, el objetivo debe estar siempre un poco más allá de lo que damos de sí.

¿De dónde procede el combustible de la motivación?

Pensamos que del interior, pero la mayoría de las veces procede del exterior. Nada motiva más que hallar el ejemplo de eso en lo que queremos convertirnos.

¿Qué diferencia a los maestros instructores de los semilleros de talentos?

No dan discursos, son anónimos; por lo general, personas poco valoradas. Nadie conoce a Larisa Preobrazhenskaya, entrenadora de un club de tenis de Moscú que ha generado talentos por valor de millones de dólares. Vi llegar a su clase a una alumna nueva.

¿Y?

Larisa detuvo la clase, la miró y le pasó la pelota, estableciendo con ella una conexión. Para esa niña su entrenadora se convirtió en un referente. Y siempre daba instrucciones breves, cortas y rápidas en el momento, mientras estaba sucediendo.

Entiendo.

Los susurradores de talento suelen ser personas mayores y humildes, atletas emocionales que saben encender la pasión en sus alumnos y la práctica intensa. Y lo hacen con sentido del humor, herramienta básica para que el esfuerzo no resulte frustrante.

Las calles de Brasil producen mejores jugadores que los mejores clubs.

Los semilleros de talentos son lugares pobres que carecen de recursos pero ricos en lo que cuenta. En Brasil juegan al fútbol sala: el juego está comprimido, se toca la pelota un 600% más que en los campos grandes; la pelota es más pequeña, se cometen más errores, por todo ello los circuitos cerebrales se activan con mucha más frecuencia.

¿Hay que felicitarse por los errores?

Sin ellos no avanzamos. Tenemos 100.000 millas de circuitos en el cerebro, podríamos dar cuatro vueltas alrededor de la Tierra, y lo que hacemos con esos circuitos depende de nosotros, nosotros debemos encenderlos para conseguir el talento.

¿Cómo avivar el talento?

Visité una escuela en un barrio pobre de EE. UU. en la que había una maestra que elevó la media de las notas. Todas sus clases empezaban con la frase: "Gracias a lo que vamos a hacer ahora iréis a la universidad", y les explicaba las excelencias de tener una carrera. Los llevaba a visitar la universidad y a entrevistarse con universitarios de su barrio.

Despertar el entusiasmo por aprender.

La gran mayoría de los atletas con grandes marcas suelen ser los pequeños de la familia: corrían como locos para alcanzar a sus hermanos mayores. Hay otro estudio que demuestra que los mejores pianistas se iniciaron con profesores muy corrientes pero entusiastas y cariñosos.

Un buen maestro es un tesoro, ¿pero qué puedo hacer yo?

Yo pensaba que ser padre equivalía a desvelar el talento oculto de mis hijos. Después de mi investigación me he dado cuenta de que lo que debo hacer es exponer a mis hijos a cuantas más cosas, mejor, y fijarme en su reacción, ver qué les motiva. Y siempre hay que alabarles por el esfuerzo.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido de su investigación?

Darme cuenta de que el talento no tiene tanto que ver como creíamos con los genes. El talento se cultiva, y no es necesario ser rico.
“El talento no es un don misterioso que dependa de las leyes del azar y la genética”
Mediante la mielina se generan señales en el cerebro y se consigue que los circuitos cerebrales vayan 100 veces más rápidos”
Todo el mundo puede generar mielina durante toda su vida, aunque se active mucho más durante la infancia.

 

Creando habilidad

Para desarrollar una habilidad debemos dedicar cierto tiempo a observar o escuchar—en el caso de la música—la habilidad que se quiere aprender hasta ser capaces de imaginarnos a nosotros mismos poniéndola en práctica. “En los semilleros de talento se utiliza mucho la imitación”, constata Coyle.

Otra facultad para aprender habilidades reside en descomponer una habilidad en las piezas que la integran, memorizar esos trozos individualmente y luego unirlos en unidades de agrupamiento cada vez más grandes.

Los siguientes puntos radican en trabajar más lentamente, “lo que permite prestar más atención a los errores”, repetir una y otra vez la misma acción y aprender a sentirla y percibir un conjunto de sensaciones secundarias que están asociadas a la adquisición de nuevas actividades. “Es como la sensación de quedarse corto y volver a intentarlo”, explicita el investigador de “Semilleros de talentos”.

Sobre la práctica intensa, el periodista asegura que “no significa un simple esfuerzo, sino un esfuerzo que persigue un propósito: elegir un objetivo, ir a por él, evaluar la brecha que hay entre el objetivo y nuestras posibilidades de alcanzarlo y volver al paso uno”. (Efe)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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