Entre Canasta y Canasta

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Principios Defensivos

 

En el Baloncesto, la defensa en presión individual por todo el campo fue el primer tipo de defensa utilizado.

Algunos años más tarde los entrenadores de baloncesto, influidos por la  mejora de las habilidades técnicas de los jugadores y por las teorías del rendimiento con la posesión del balón, introdujeron las estrategias defensivas en mitad del campo a la espera de la llegada del adversario en ataque.

Con este retroceso hacia los espacios próximos a la canasta se iniciaron las defensas en posición que en principio estableció las bases para las defensas zonales y posteriormente para la defensa individual.

El valor idéntico de las canastas desde debajo del aro y de las conseguidas desde la distancia, con mejores porcentajes para aquellas, favoreció aquellos modelos defensivos de ayudas largas y los principios de flotación y cambios preconizados por Boby Knight.

La posterior introducción de la línea de tres puntos ha revolucionado el juego técnico y estratégico, y ha supuesto un empujón decisivo hacia el espectáculo.

La mejora de las prestaciones individuales ha devuelto a la actualidad aquellas defensas primitivas de los duelos de pares con ayudas muy puntuales.

La actual defensa individual, la que ahora se practica, es semejante a la defensa de aquellos tiempos. Por supuesto, los condicionantes son diferentes pero, entonces como ahora, este tipo de juego requiere gran vitalidad y energía para el reto de vencer la oposición.

En principio, la combinación de la defensa del espacio y del adversario era el fundamento. En el baloncesto actual este concepto ha evolucionado.

A través de la defensa agresiva la posesión del balón ha pasado a ser un problema para el equipo adversario. El uso de las manos y de los pies, y también la atenta concentración en el balón siguen siendo de gran importancia, pero la clave del éxito defensivo está en la agresividad, que conlleva el concepto de riesgo.

Las defensas en posición y de ayudas para congestionar el espacio zonal han dado paso a las estrategias de riesgo y con ellas la evolución natural hacia rendimientos próximos a la excelencia.

Poseer una buena defensa reporta muchas ventajas de carácter psicológico y práctico. En los casos en que el ataque no consigue actuar eficientemente, una buena defensa le proporciona el tiempo necesario para su reorganización.

Los equipos que poseen una fuerte defensa son muy respetados por los adversarios. Todos los jugadores habilidosos, ya sea tirando a canasta, driblando, etc. temen enfrentarse con una defensa capaz de anular su especial habilidad.

El entrenador que ha dado a su equipo una sólida preparación en principios y tácticas defensivas puede afrontar confiadamente la competición y estar seguro de que su equipo podrá dominar la situación aunque se le oponga un adversario con mayor capacidad de ataque.

El momento más oportuno para hacer comprender al equipo la importancia de la defensa es la primera práctica o los primeros entrenamientos. Es necesario dejar bien sentado, desde el comienzo, que el entrenador es partidario de un buen juego defensivo.

Además, es mucho más fácil enseñar los principios de ataque después que el equipo domine totalmente las técnicas defensivas, que invirtiendo el orden del aprendizaje. Por estos motivos, en las primeras prácticas debe prestarse especial atención a los fundamentos de la defensa.

En las primeras sesiones de la temporada es una buena fórmula introducir los sistemas de juego ofensivo sin defensa, al tiempo que se instruye la defensa con ejercicios competitivos exigentes.

Es decir, se aconseja que el entrenador, en la medida que conoce las posibilidades de los jugadores como grupo, introduzca los sistemas para que los jugadores vayan conociendo diversas situaciones ofensivas mientras los jugadores se ejercitan en un trabajo defensivo de alta exigencia.

El énfasis de la planificación diaria en este período estará en la defensa, pero sin olvidar las otras fases de juego. El objetivo es que el grupo entrene lo antes posible situaciones de oposición real mediante el método sintético para pasar después a las partes y los detalles técnicos.

Defender es sinónimo de esfuerzo y sacrificio en el trabajo diario. Cuando se juega la defensa individual cada jugador debe tratar de impedir que su contrario reciba, pase o enceste el balón y, además debe seguirle tan de cerca en sus desplazamientos ofensivos que aquél no pueda lograr una buena posición de tiro.

Una de las tareas importantes que deberá efectuar el entrenador es enseñar a los jugadores a ser agresivos defensivamente para evitar cortes o negar bloqueos, sin rehuir el contacto, la mejora del uso de los brazos y las manos, el movimiento de los pies, la lateralidad sobre el jugador-balón, etc. y la capacidad de rotar defensivamente, ayudar y recuperar y cambiar.

En la defensa individual la tarea esencial consiste en oponerse a un adversario. A cada jugador defensivo se le asigna un jugador a quien debe marcar durante el partido. La velocidad, la habilidad y la inteligencia deben equipararse.

Esta asignación, enfrentando a cada jugador con un adversario de características semejantes, es muy importante para la eficacia de esta defensa. Ello exige obtener una información previa sobre los valores de los rivales. Todos los jugadores deben estar informados de sus obligaciones defensivas. Despertar en cada jugador el orgullo de su eficiencia no es, por cierto, un aspecto secundario de la psicología defensiva.

La defensa individual requiere experiencia y perfecta comprensión de los fundamentos defensivos. Es necesario, por tanto, una considerable concentración mental. Este tipo de defensa abre la oportunidad al adversario para utilizar cortes, bloqueos y otras tácticas ofensivas que le darán ventajas si el equipo defensor no domina totalmente los conceptos de las ayudas y las recuperaciones, y de los cambios de asignación.

La importancia que el entrenador confiere al juego defensivo influye decididamente sobre los jugadores. La elección de la defensa está determinada en primer término por las posibilidades de los jugadores pero, además, por la idea que el entrenador tenga sobre este aspecto del juego.

 

Aspectos psicológicos de la defensa en el baloncesto

El entrenador debe enfocar la defensa individual y de equipo desde los puntos de vista psicológico y práctico.

Enfocar la defensa desde el punto de vista psicológico quiere decir que es preciso tener especialmente en cuenta el aspecto psíquico de los jugadores, considerados individual y colectivamente.

Para que una defensa pueda ser enseñada con éxito, el entrenador tiene que despertar en los jugadores y en el equipo en su conjunto, un sentimiento de orgullo por su eficiencia defensiva. Es preciso desarrollar en cada jugador la decisión de marcar tan ceñidamente a su oponente que le haga imposible encestar.

Desde el punto de vista del equipo, cada jugador debe tener conciencia de que su obligación no consiste únicamente en mantener a su contrario alejado de toda posibilidad de encestar, sino que además debe apoyar a sus compañeros cada vez que se sea necesario.

Cuando se logre despertar en el conjunto una adecuada actitud defensiva cada jugador se mantendrá alerta, agresivo y decidido a aceptar no solamente la responsabilidad de la defensa de su par, sino además a apoyar a sus compañeros.

La concepción del juego que posea el jugador determinará la medida de su concentración en la tarea defensiva. La defensa individual implica un duelo personal entre dos jugadores en el que uno de los dos logrará dominar a su adversario. La agresividad del defensor logra, frecuentemente, que el atacante pase o tire a canasta de forma apresurada.

La capacidad para prever las situaciones de juego es otro aspecto importante en el enfoque psicológico de la tarea defensiva. Saber si se efectuará o no el pase, cuándo, a quién y en qué situación, constituye parte de las condiciones intuitivas que debe desarrollar un buen defensor.

Toda aplicación de una defensa de equipo depende de la combinación de las diferentes capacidades individuales y serán precisamente las condiciones psíquicas las que permitirán diferenciar un equipo fuerte de uno débil, desde el punto de vista defensivo.

Un equipo es fuerte cuando posee agresividad mental y confianza en su juego. Se distinguirá como un conjunto orgulloso de su habilidad para oponerse a cualquier ataque por la velocidad para establecer el equilibrio defensivo, la seguridad en los movimientos, la destreza para desplazarse, ayudar, recuperar y cambiar  y en general por el esfuerzo y el trabajo en equipo.

 

Enfrentar jugadores de cualidades equivalentes

Para una correcta asignación de los jugadores, el entrenador debe utilizar las informaciones que previamente ha obtenido sobre los valores y cualidades de los adversarios y enfrentar a cada jugador con un jugador de posibilidades equivalentes a las suyas, contraponiendo altura contra altura, velocidad contra velocidad y al más diestro de los defensores contra el mejor encestador del equipo rival.

Cuando se destina al mejor jugador de la defensa para marcar al mejor encestador de los oponentes, es prudente que en el momento de impartirle instrucciones no se señale especialmente que debe tratar de anular a un jugador de sobresalientes dotes como encestador, driblador o pasador sino más bien se debe tratar de destacar que él es jugador indicado para marcar a esa estrella porque su inteligencia y capacidad son superiores.

Este procedimiento es mucho más efectivo desde el punto de vista psicológico.

 

Hablar durante el juego

La habilidad de los jugadores para hacer indicaciones a sus compañeros con el propósito de eludir bloqueos, recabar ayudas, etc. constituye un importante factor de éxito de la defensa de equipo.

La palabra es un recurso muy importante desde el punto de vista de la moral del conjunto. Un equipo eficaz habla constantemente, estimulando a la defensa y señalándose mutuamente los descuidos defensivos.

La comunicación defensiva es un factor clave en el baloncesto.

 

Cómo jugar contra el jugador más decisivo del equipo adversario

Prácticamente todos los equipos poseen un encestador destacado con quien cuentan para lograr un cierto número de canastas en cada partido.

Hay que prestar especial atención a ese jugador puesto que si se consigue anularle, existen muchas posibilidades de quebrar el juego ofensivo del equipo adversario.

Es pues de suma utilidad conocer antes del partido sus métodos de ataque para planear de antemano la forma de contrarrestar sus acciones.

También es frecuente encontrar equipos que poseen un jugador fuerte y orgulloso de su habilidad defensiva. El duelo entre este jugador y el tirador puede resultar interesante.

La acción ofensiva de este tirador puede obstaculizarse obligándole a cumplir una dura tarea defensiva. Se suele asignar al buen tirador la responsabilidad de marcar a un jugador débil en el ataque adversario. Este jugador puede ser instruido para que se corte en toda oportunidad que se le presente con el objeto de fatigar a su oponente y también para forzarle a hacer faltas jugando cerca del aro o con penetraciones desde el perímetro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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