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Lesiones en el Baloncesto

El entrenamiento para alcanzar el mejor rendimiento deportivo requiere de un complejo equilibrio de mecanismos de control que involucran a los sistemas circulatorio, respiratorio, músculo esquelético, nervioso y endocrino. Todos trabajan en armonía para permitir el funcionamiento integral de los músculos.

La práctica del deporte produce beneficios, sin embargo también conlleva riesgos. Al efectuar cualquier actividad deportiva se puede sufrir alguna lesión a causa de un golpe directo, una torsión o, simplemente, por un movimiento repetitivo de alguna parte del cuerpo.  

La fatiga es el principal factor que limita la condición atlética. Para lograr un máximo rendimiento se requiere de alimentación equilibrada, entrenamiento controlado, preparación psicológica y condición física integral que se traduzca en fuerzas efectivas. 

Los esfuerzos físicos en el Baloncesto se caracterizan por las siguientes pautas:  

Aceleraciones bruscas y súbitas. 

Saltos para la captura del rebote. 

Carreras a ritmos moderados e intensos, a lo largo del campo durante todo el tiempo de juego. 

Contacto con adversarios, empujones, forcejeos etc.  

LESIONES FRECUENTES EN EL BALONCESTO

Las estadísticas demuestran que la mayoría de las lesiones del baloncesto afectan al tobillo y a la rodilla, por torsión o por aplicación de una fuerza lateral. Las lesiones más frecuentes son los esguinces.  

También hay lesiones no traumáticas. Se producen cuando la preparación física es inadecuada. 

¿Qué puede causar una lesión en el terreno de juego?  

Las características del baloncesto.  

Una preparación física inadecuada. 

Alteraciones de salud o alimentación.  

Uso de calzado inadecuado.  

Malas condiciones de la cancha, del terreno o de las instalaciones donde se realicen actividades deportivas.  

Factores anatómicos.  

Todos los deportistas sean principiantes o no están expuestos a sufrir alguna de las siguientes lesiones:  

Esguinces.  

Los más frecuentes afectan al tobillo, la muñeca, la rodilla y los dedos de las manos. Pero, en general, los más afectados son los tobillos. Los esguinces pueden ser leves, moderados o severos, dependiendo del grado de compromiso de las fibras de las que está compuesto un ligamento. Mientras más fibras estén lesionadas, más severo es el esguince.  

 Lesiones musculares.

Se producen por tres razones:  

Preparación física inadecuada.  

Falta de elongación y calentamiento. Entrar en frío a la actividad deportiva es muy dañino. 

Planificación inadecuada. Sobreentrenamiento. Afectan más frecuentemente a los músculos de la pantorrilla (gemelos) y los del muslo (cuadriceps y aductores). 

Fracturas.  

Cuando la energía de un traumatismo es alta, se pueden producir fracturas, es decir, el hueso se parte.  

Luxaciones.  

Se producen cuando los huesos que conforman una articulación pierden contacto entre sí. Afectan con mayor frecuencia a hombros, dedos de la mano y codos.  

Procesos inflamatorios de tendones.  

Los extremos de los músculos terminan en los tendones, que son los que, al contraerse el músculo, generan el movimiento. Cuando el tendón se usa en exceso o de forma inadecuada, se puede producir un proceso inflamatorio. Es lo que se conoce con el nombre de tendinitis. Esta lesión es muy frecuente y de dolor a veces incapacitante. 

FACTORES PREDISPONENTES

Las lesiones deportivas influyen en lo físico y también en lo emocional del deportista. 

Muchas de las investigaciones realizadas se basan sobre aspectos fisiológicos de las lesiones desde la biomecánica del movimiento hasta las limitaciones y deficiencias de los entrenamientos. Sin embargo ahora se está incrementando la toma de conciencia de los factores sociales y psicológicos que tienen efecto cuando se produce una lesión.  

Para prevenir desde ambos aspectos, tanto físicos como psicológicos, habría que tener en cuenta:  

En relación con el entrenamiento, sería importante ir incrementando progresivamente las demandas físicas que obligue a los deportistas a enfrentarse y controlar la adversidad gradualmente (dolor, cansancio) ayudándolos de esta manera a que lleguen más "duros" a la competición.  

Incluir períodos de descanso físico y mental que eviten sobreentrenamiento.  

Variar el planteamiento de las sesiones de entrenamiento de manera que suscite interés y evitar el aburrimiento y en consecuencia una baja en la motivación. 

En relación con el aspecto psicológico, es difícil trabajar en prevención de lesiones, pero la Psicología del Deporte nos da herramientas para colaborar con el deportista a conocer su cuerpo y su mente, para que el deportista vaya descubriendo sus diferentes estados emocionales y físicos tanto antes como después de una lesión:  

Aumentando la motivación, estableciendo objetivos posibles y metas. 

Auto confianza teniendo control de las variables que lo afectan y que puedan tomar decisiones correctas en el momento adecuado. 

Trabajar sobre la influencia del estrés, que puedan reconocer todas aquellas variables que los coloca en una situación estresante y mediante determinadas técnicas puedan alcanzar su estado óptimo.  

Trabajar con los deportistas suplentes que tienen poca actividad y están menos preparados para los efectos del estrés. Además su tiempo de inactividad los coloca en una situación de ansiedad que los lleva muchas veces a no medir consecuencias desde lo físico, provocando una lesión o bien reincidiendo en una lesión si su inactividad era por recuperación.  

En relación con el tiempo de recuperación: La necesidad de recuperación rápida, muchas veces por exigencias propias, el exceso de responsabilidad, las ansias de competir, la situación de su equipo en determinada competición, hacen que la recuperación se reduzca en tiempo. También afectan las exigencias externas como los padres, los directivos, etc. Esto lleva muchas veces a adelantar el regreso a los entrenamientos y/o competiciones sin una total rehabilitación, con serias consecuencias para las probables recaídas.  

Muchos deportistas obsesionados con la vuelta rápida a la competición les llevan a jugar infiltrados, doloridos, o con vendajes, trayendo esto no sólo lesiones más graves sino también consecuencias para el futuro.  

La prevención y la rehabilitación tienen que ser tanto físicas como psicológicas. El deportista debe llegar en un 100 % a la competición.  

Obviamente la recuperación de los deportistas lesionados es un trabajo que en los equipos profesionales se debe llevar a cabo en forma multidisciplinar, entre el Entrenador, el Preparador Físico, el Médico, el Fisioterapeuta y en lo posible el Psicólogo deportivo.  

Este plantel de profesionales debe trabajar en forma conjunta tanto en la prevención como en la recuperación de los deportistas. El rendimiento deportivo, la prevención de lesiones y accidentes son materias de una dependencia multifactorial, en las que un sólo profesional no puede abarcar. 

Muchos accidentes son provocados por cansancio, falta de reflejos o falta de concentración producto de sobrecarga o mala planificación de los entrenamientos. Las lesiones tienen relación con el tipo y cantidad de trabajo del deportista. Equivocadamente muchos entrenadores creen que "entrenar más es sinónimo de más progreso", sin tener en cuenta que es más importante la calidad que la cantidad. Esa idea simplista de la progresión predispone a nuestros deportistas a lesiones, principalmente porque no son consideradas sus características biológicas individuales y tampoco los "factores de riesgo" de lesiones que pueden provenir desde su infancia. 

La mayoría de las lesiones deportivas son el resultado de un entrenamiento inadecuado, defectos estructurales y debilidades musculares, además de los factores no controlados. No obstante, si se toman las precauciones apropiadas, las lesiones deportivas a menudo se pueden prevenir.  

Métodos de entrenamiento incorrecto.

La mayoría de las lesiones musculares y articulares se deben a métodos de entrenamiento incorrectos. El jugador no permite una recuperación adecuada al cabo de un período de entrenamiento, o bien no interrumpe el ejercicio cuando aparece el dolor. 

Cada vez que se fuerzan los músculos en un entrenamiento intensivo, algunas fibras musculares se lesionan y otras consumen la energía disponible que ha sido almacenada en forma de glucógeno. Se requieren más de dos días para que las fibras sanen y para reemplazar el glucógeno.  

Debido a que únicamente las fibras no lesionadas funcionan de modo apropiado, los períodos de entrenamiento intensivo muy seguidos requieren, finalmente, un trabajo comparable por parte de una menor cantidad de fibras sanas, aumentando la probabilidad de lesiones. En consecuencia, se pueden prevenir las lesiones crónicas dejando un intervalo de al menos dos días entre los períodos de entrenamiento intensivo, o alternando los que fuerzan diferentes partes del cuerpo. Muchos programas de entrenamiento alternan un día de entrenamiento intensivo con uno de entrenamiento ligero.  

Anormalidades estructurales.

Las anormalidades estructurales pueden hacer que una persona sea propensa a una lesión deportiva por el esfuerzo desigual de varias partes del cuerpo. Por ejemplo, cuando las piernas son desiguales en longitud, se ejerce una fuerza mayor sobre la cadera y la rodilla de la pierna más larga.  

Otro factor biomecánico que causa la mayoría de lesiones del pie, de la pierna y de la cadera es la pronación excesiva.  

Debilidad de músculos, tendones y ligamentos.

Los músculos, los tendones y los ligamentos se desgarran cuando se someten a esfuerzos superiores a su fuerza intrínseca. Por ejemplo, pueden lesionarse si son demasiado débiles o rígidos para el ejercicio que se está intentando practicar. Las articulaciones son más propensas a las lesiones cuando los músculos y los ligamentos que las sostienen son débiles, como sucede después de un esguince. 

Los ejercicios de fortalecimiento ayudan a prevenir las lesiones. El ejercicio regular no aumenta ni refuerza la musculatura de forma significativa. El único modo de fortalecer los músculos es ejercitarlos contra una mayor resistencia de forma progresiva, como practicar un deporte cada vez más intenso, levantar pesas cada vez mayores, o usar máquinas especiales de fortalecimiento. Los ejercicios de rehabilitación para fortalecer los músculos y los tendones que ya están sanos se hacen, generalmente, levantando o presionando contra elementos resistentes, en días alternos como máximo. 

SOBREENTRENAMIENTO

El sobreentrenamiento es una disminución del rendimiento del deportista. Las causas no son sólo cargas demasiado elevadas de entrenamiento sino que también pueden buscarse en el ámbito extradeportivo. Las razones para la aparición de síntomas de sobreentrenamiento pueden ser el incremento de métodos o contenidos de entrenamiento superiores a la capacidad de esfuerzo del deportista. En el deporte de ocio son el resultado de una exigencia excesiva por falta de acondicionamiento preparatorio en los períodos de formación, y por cargas extradeportivas como son las tensiones profesionales y familiares. 

Las posibles causas de sobreentrenamiento pueden ubicarse en los siguientes ámbitos:  

Proceso de entrenamiento. 

Forma de vida. 

Entorno social. 

Estado de salud. 

Factores climáticos. 

Problemas psicológicos. 

Errores en el proceso de entrenamiento.

. Descuido de la fase de recuperación, cambio entre carga y descanso no adecuado. 

Proceso de entrenamiento con demasiado volumen o/e intensidad; desproporción constante entre carga y capacidad de esfuerzo del deportista. 

Exigencias de condición física, técnicas y tácticas demasiado elevadas para el deportista, lo que comporta frecuentes vivencias de fracaso. 

Monotonía en el entrenamiento. 

Demasiadas competiciones con elevadas exigencias. 

Entrenamientos y competiciones combinadas con viajes largos, cambios de lugar, tiempo y clima. 

Rivalidad muy marcada dentro del equipo. 

.Cambio a una categoría superior con incremento demasiado rápido de las exigencias en entrenamientos y competición. 

Falta de entrenamiento reconstituyente después de una lesión. 


Errores en la forma de vida.

Estructuración irregular del día. 

Descanso nocturno insuficiente o interrumpido. 

Exceso de ruidos y estímulos. 

Falta de capacidad para estructurarse el tiempo libre adecuadamente, falta de interés en las actividades extradeportivas, incapacidad de relacionarse. 

Carencias alimenticias. 

Abuso de alcohol, tabaco y medicamentos. 

Doping y drogas. 

Problemas en el entorno social.

Problemas familiares. 

Problemas escolares o profesionales. 

Entorno opuesto al deporte. 

Demasiadas exigencias de rendimiento por parte del entorno social. 

Mala relación con el entrenador, compañeros, entorno deportivo. 

Problemas económicos. 

Estado de salud.

Lesiones y enfermedades crónicas. 

Enfermedades acompañadas de fiebre y sus efectos infecciosos. 

Focos de enfermedades: dientes, amígdalas etc. 

Enfermedades estomacales e intestinales. 

Factores climáticos.

Cambios de tiempo. 

Cambios climáticos debidos a viajes. 

Problemas psicológicos.

Estrés psicológico por sobrecarga. 

Enfermedades psíquicas. 

La atención, percepción y la capacidad de acción disminuyen a causa de esfuerzos prolongados de tipo físico y psíquico. Una característica externa fácil de observar es la disminución de la técnica deportiva (coordinación) debida al cansancio que se está estableciendo (agotamiento)

ESTIRAMIENTOS 

El objetivo del estiramiento es conseguir que los músculos se encuentren en toda su extensión, para poder desarrollar correctamente los movimientos que se le solicitarán en el esfuerzo que deba realizar y para que las posibilidades de sufrir lesión sean menores.

Por eso los ejercicios de estiramiento deben ser parte integrante de los entrenamientos, tanto para la fase de calentamiento, como para la fase final del entrenamiento.  


Estiramientos para la prevención de lesiones: 

Cuanto mayor sea la extensibilidad de los músculos, menor será la probabilidad de sobreestiramientos durante la actividad energética y por tanto la probabilidad de lesiones disminuirá. 

Pasos básicos para prevenir lesiones deportivas:  

Realizar un calentamiento adecuado antes de cualquier actividad física.  

Ejercitar los distintos grupos musculares en días alternos.  

Después del ejercicio o la actividad deportiva, realizar una actividad más lenta de forma adecuada.  

Los ejercicios de estiramiento pueden mejorar la capacidad de los músculos de contraerse, así como su rendimiento, reduciendo de este modo el riesgo de lesiones.  

El uso de calzado apropiado puede corregir ciertos problemas del pie que pueden provocar lesiones.  

Estiramientos para disminuir la sobrecarga muscular.

El estiramiento, especialmente después del ejercicio, puede ayudar a disminuir la inflamación muscular al día siguiente de un entrenamiento extenuante. 

Estiramientos para la relajación muscular.

Los músculos rígidos y tensos se relajan fácilmente con un estiramiento suave. Tras permanecer sentados durante muchas horas, por ejemplo después de los desplazamientos, debemos realizar un estiramiento completo y enérgico. 

ESTIRAMIENTO CORRECTO

Para cualquier estiramiento es mejor estirar lentamente hasta los límites de movimiento, en los que se note resistencia, pero sin dolor. Es importante mantener la posición para conseguir los mayores beneficios. Cuando el músculo comienza a estirarse, los impulsos nerviosos le indican que se contraiga para evitar el exceso de estiramiento. Pero cuando se mantiene el estiramiento los impulsos nerviosos se desvanecen y el músculo se relaja, permitiendo un estiramiento mayor y menos doloroso.

El estiramiento agresivo, no obstante, puede producir lesiones. Por tanto, hay que mover gradualmente, y nunca dar tirones, girar o hacer rebotes, mientras se realiza el estiramiento. 

EJERCICIOS DE FORTALECIMIENTO DE LOS TOBILLOS

Normalmente los equipos realizan de 30 a 45 días de preparación antes de iniciar la temporada regular. Una buena medida para prevenir la lesión del tobillo consiste en realizar dos o tres días semanales, durante este período, una tabla de ejercicios de fortalecimiento, variable y adaptada a las posibilidades de cada deportista, con una duración de 15 minutos por sesión. Se aconseja realizarla después del calentamiento general, tras unos minutos de trote, sobre terreno blando (colchonetas, tatami, etc.) 

Dinámica y Cohesión de Grupo

Un equipo de baloncesto es un grupo organizado, regido por unas normas, cuyo comportamiento se ven influido por relaciones internas y externas.

Para abordar esta sociedad en pequeño que constituye el equipo, conviene tener conocimientos sobre dinámica de grupos restringidos, en los que todos sus componentes se conocen y pueden establecer algún tipo de relación personal. El entrenador debe detectar esas relaciones internas y analizarlas, y de igual modo las externa: las establecidas entre el equipo y su entorno. 

Cada jugador es diferente, y sus relaciones interpersonales dentro del equipo responderán a una dinámica de atracción, de rechazo o incluso de conflicto, por lo que es imprescindible conocer el comportamiento afectivo y los factores que favorecen o dificultan la cohesión. 

Por ejemplo, acciones que serían irrelevantes significativamente desde un punto de vista individual, pueden adquirir importancia por pertenecer a un determinado equipo o club. Por lo tanto, el equipo también influye por medio de los estereotipos que genera, tanto externos (estética, forma de vestir...) como internos (ideas, juicios de valor...). La influencia que el grupo genera sobre sus miembros les hace adoptar normas de conducta válidas, únicamente a veces, para ese grupo (ademanes, forma de expresión, actitudes...) 

Los factores que facilitan la conversión del equipo en un auténtico grupo son: 

La interacción, basada en unos principios o normas que no están escritas, sino que son producto de la aprobación tácita de los integrantes, bien por su instinto gregario, bien por la necesidad de seguridad frente al exterior.  

Si esta interacción obedece a una dinámica de atracción, se produce la cooperación o acción conjunta para alcanzar un objetivo, y esta participación activa de todos los miembros permite el paso del “yo” al “nosotros”. Si la interacción obedece a una dinámica de rechazo, en algunos casos habrá que buscar la tolerancia para permitir que el trabajo pueda realizarse aunque la armonía no sea total, gracias a la aceptación del “derecho a la diferencia” del otro, y hacer un gran esfuerzo por encontrar e incrementar las motivaciones y la satisfacción para evitar las tensiones a las que, en caso de producirse, se aplicarán sanciones disciplinarias.  

Si la interacción genera conflictos (oposición de dos o más personas con la intención de perjudicarse), el concepto del equipo como grupo se verá imposibilitado y, en consecuencia, el rendimiento del mismo obstruido, ya que uno o varios jugadores prefieren que otro u otros no alcancen un objetivo incluso a costa de que ellos tampoco lo alcancen. 

La cohesión, que permite que existan una serie de fines, emociones y sentimientos colectivos comunes que facilitan la estabilidad del grupo. Para lograrla, se propone las siguientes acciones: 

Desarrollar el sentido de comunicación entre los miembros (entre jugadores, entre técnicos y jugadores y entre los técnicos entre sí), para aumentar y mejorar el respeto y la confianza, y de la que surgirán lazos afectivos.  

Incentivar la participación espontánea y creativa, determinando con claridad la función que va a desempeñar cada uno dentro del equipo, teniendo en cuenta el intercambio de las mismas y la motivación y expectación que generan, pues si hay aceptación de los roles o funciones, la ejecución de los mismos se verá mejorada.  

Consensuar las decisiones dentro del grupo democráticamente,especialmente el establecimiento de unas normas de conducta y de disciplina, pero también autocráticamente, especialmente en lo que respecta al establecimiento de objetivos claros y accesibles, tanto individuales como sobre todo colectivos. 

Concienciar de que el rendimiento final del equipo se deberá a la acumulación participativa del esfuerzo de todos y cada uno, resaltando continuamente la importancia de todas las funciones en el logro del éxito. 

Favorecer un ambiente alegre de responsabilidad sin tensiones, donde prevalezca el refuerzo de las conductas positivas y meritorias, y una previsiónoptimista. 

Aprovechar las dificultades y ataques externos para incrementar la propia identidad y conformar un grupo auténticamente especial. 

Por el contrario, debemos evitar a toda costa la aparición de tendencias exhibicionistas o egocéntricas, la desconfianza en el entrenador o entre los propios jugadores que se sienten víctimas de las ambiciones de otro ya sea por trato desigual, por diferencias retributivas, etc., y que derivarán en la aparición de camarillas o grupúsculos, y, finalmente, luchar contra la desmoralización y el derrotismo por la influencia de la competición, del entorno social o de los medios de comunicación. 

El inconsciente colectivo, que tiene que ver con el equilibrio interno del equipo por un lado, y con las relaciones del mismo con su entorno, pero que de alguna forma, se ha ido sedimentando a lo largo de la historia del equipo y del club al que pertenece. Si estos equilibrios se rompen se producen crisis que son inevitables y, en consecuencia, hay que tratar de superarlas para establecer un nuevo equilibrio, porque en caso de lograrlo, el equipo se ve fortalecido como grupo. 

Para conocer estos factores y determinar la calidad de la red afectiva en que se mueven los miembros del equipo se utilizan normalmente dos técnicas: 

. La observación directa, registrando las conductas dentro del equipo, es decir, cuando se producen en su marco natural. Su principal dificultad es que requiere experiencia para apreciar la gran cantidad de circunstancias que a veces confluyen y para determinar la importancia de las mismas. 

La técnica sociométrica, cuyos test y entrevistas nos permiten confeccionar el mapa de relaciones interpersonales y las estructuras de asociación del equipo, cuáles son sus recursos y sus problemas, cuál es la verdadera función de cada uno al margen de su cometido oficial, qué tensiones hay dentro del grupo, quién o quiénes son los líderes, cuál es la aceptación o rechazo del entrenador, qué presiones externas padece el equipo como tal, etc.  

Sin embargo, conviene tener en cuenta la artificialidad de estas técnicas, ya que son pruebas fuera del contexto e incluso las entrevistas concertadas al efecto es conveniente que se realicen individualmente para no correr el riesgo de obtener datos falseados. Por tanto, nos ofrecen una visión estática de la dinámica del equipo y somos nosotros entrenadores quienes debemos deducir las razones y los motivos de la estructura obtenida.  

De cualquier forma, estas técnicas son útiles cuando se trabaja con equipos de formación en los que el entrenador asume con más facilidad el papel de líder, constituyendo un símbolo de madurez y un modelo a seguir. Sin embargo, conforme la edad de los jugadores avanza, es conveniente disponer de los servicios de un profesional experto, de un psicólogo, que analice a la totalidad del grupo, incluyendo evidentemente al entrenador, cuya función dentro del equipo sigue siendo muy importante, pero cada vez más compleja, debido a las condiciones estresantes de la competición.  

Además de seguir los procedimientos metodológicos para obtener los objetivos propuestos y de racionalizar las tareas específicas de los miembros del equipo, también es necesario resolver el problema de la integración, de forma que jugadores, técnicos e incluso directivos conozcan y compartan los objetivos que se pretenden para armonizar en esa dirección sus comportamientos. Así, aunque es inevitable que entre los miembros de un equipo se produzcan situaciones de competitividad, los objetivos personales siempre estarán subordinados a los objetivos unificadores del equipo, para que su supervivencia no peligre. 

El logro del objetivo, es decir, el logro de un nivel específico de dominio de una determinada conducta en un tiempo concreto establecido, es lo que justifica en gran medida la existencia del equipo. 

Hay objetivos generales o metas a largo plazo que sirven como guía para el establecimiento de los objetivos específicos a corto plazo. Constituyen sucesivas etapas interrelacionadas que, una vez alcanzadas, nos acercan cada vez más a la meta; pero, si no se alcanzan, son susceptibles de revisión y nueva formulación correctora. 

Estos objetivos específicos conviene formularlos, por tanto, como conductas medibles. Así, formularemos objetivos específicos del tipo:  

Aumentar el número de asistencias. 

Aumentar la detente. 

Perder x kilos de peso. 

Mejorar el % de tiros libres 

Marcando el tiempo en que debe hacerse:  

Al final de la temporada 

En cuatro semanas. 

Al final de cada entreno. 

De esta forma, los objetivos constituyen un permanente feedback evaluador (realimentación) que hace que la atención del jugador recaiga en gran parte en la propia actuación y no exclusivamente en la comparación con los compañeros, al tiempo que hace posible la comprensión y el apoyo ambiental (compañeros, familia...) 

La condición indispensable para la formulación de éstos objetivos es que entrañen la dificultad suficiente para que supongan un reto, pero sin exceder la capacidad del jugador o del equipo. Del mismo modo, es preferible atender a dos o tres de estos objetivos simultáneamente, e ir incorporando otros nuevos tras su logro. Es preferible poco y bien que mucho y mal. 

Planteados de esta forma, los objetivos nos permitirán:  

Orientar la acción y la atención del jugador a los aspectos importantes de la tarea. 

Aumentar la dedicación y el esfuerzo del jugador para su logro y, percibido éste, mejorar su motivación. 

Prolongar e incrementar la persistencia de su esfuerzo. 

Ayudar a que el jugador se forme expectativas realistas, que aumenten la autoestima y confianza en sí mismo y le motiven para la puesta en práctica o ejecución. 

En caso contrario, llevaremos al jugador a un estado de frustración y desaliento que constituirá un callejón sin salida. 

También hay que tener en cuenta la exigencia más o menos latente de mantener una identidad y una imagen de prestigio social que incardine al equipo en su entorno y facilite la aparición de un sentimiento de orgullo por pertenecer a él. 

El liderazgo, es un proceso de influencia interpersonal en el que uno o más miembros ejercen un dominio natural en las decisiones y respuestas de los demás. 

Conviene advertir aquí los matices semánticos que diferencian al jefe del líder, pues a veces no coinciden ambos conceptos en la misma persona. 

El jefe es una jerarquía artificial, un estatus que se ejerce porque así viene exigido por la organización correspondiente, mientras que el líder lo es de forma natural, por el consenso espontáneo del resto que acepta el dominio de su personalidad, porque se identifica con ella y se siente representado. He ahí la importancia que para la dirección de un equipo tiene el que estos dos conceptos coincidan en la misma persona: el entrenador. 

No obstante, existen diferentes tipos de liderazgo y pueden darse liderazgos simultáneos en el mismo grupo, por lo que conviene conocerlos para distribuir las funciones o roles dentro de la dirección del equipo, designar al capitán del mismo, etc. 

Los tipos de liderazgo más frecuentes entre los jugadores son:  

El líder racional o funcional. 

El líder socio-emocional. 

En el liderazgo racional o funcional, no existe o no debería existir un único jugador que posea respuesta para todas y cada una de las situaciones tan distintas por la que atraviesa el equipo. Según sean las exigencias de la situación, será uno u otro jugador el que asuma la responsabilidad que le demanda el grupo por considerarlo el más capacitado para su resolución. 

El liderazgo socio-emocional, basado en la afectividad de las relaciones interpersonales, favorece la cohesión del equipo, manteniendo su estabilidad al permitir resistir o superar las situaciones frustrantes que aparezcan. 

Los dos estilos de liderazgo son necesarios para un equipo; el funcional, orientado hacia la tarea, resulta óptimo en casos de emergencia que requieren una rápida decisión que coordine y aglutine las acciones individuales; el afectivo cuya eficacia se manifiesta a largo plazo y permite, sin traumas, la alternancia del protagonismo, cuando las facultades y competencias de los jugadores son similares, activando sus motivaciones y, en definitiva, haciendo agradable la experiencia de pertenecer al equipo. 

El entrenador como dirigente del grupo

La mayoría de las veces, el entrenador es designado o elegido por los directivos del club y, en consecuencia, “impuesto” al equipo por lo que su situación de partida está más próxima a la de jefe que a la de líder. Es conveniente, pues, desde el principio, dedicar un esfuerzo para hacer reversible esta situación. 

Este esfuerzo debe abarcar los siguientes aspectos:  

Prestancia física pulcra y apropiada.  

Precisión y claridad en sus informaciones.  

Coherencia entre lo que dice y lo que hace.  

Competencia y oportunidad en la aplicación de sus conocimientos.  

Interés por el conocimiento individual de todos los jugadores.  

Decisión y ecuanimidad en el mantenimiento de la disciplina y el respeto.  

Estabilidad y control emocional.  

Búsqueda continua de motivaciones y aplicación de reforzadores positivos.  

Objetividad en la evaluación y re-alimentación (feedback)  

Ilusión en su tarea y en todo lo que afecta al equipo.  

Oferta permanente de paciencia dinámica, optimismo, cariño, comprensión y amistad. 

Satisfechos estos aspectos, el entrenador se convertirá en un auténtico líder, en quien todos los Jugadores depositarán su confianza y credibilidad.  

En definitiva, al entrenador se le presenta una doble tarea: la de ayudar a cada jugador a desarrollar su talento al límite de sus capacidades y la de tratar de lograr un equipo campeón. Para ello, debe desarrollar una filosofía personal que considere los aspectos más relevantes del baloncesto y aglutine en una síntesis todos aquellos recursos que le permita guiar y desarrollar a los jugadores a lo largo de los años más críticos de su desarrollo físico, mental y emocional. 

Esto no se consigue sino a lo largo de años de experiencia, pero puede acelerarse con la voluntad de dedicar el tiempo y el esfuerzo necesarios para el conocimiento de los jugadores individualmente y como grupo, y la planificación de los contenidos, metodología, motivaciones y estrategias más apropiadas para esa realidad analizada. 

No es necesario ni conveniente que el entrenador trate a todos lo jugadores exactamente igual, pues son distintos en los aspectos físicos, técnicos y de personalidad. Tampoco los jugadores muestran el mismo grado de dependencia de su entrenador: los más dependientes serán los más marcados por el proceder o expectativa del entrenador con respecto a ellos. 

En efecto, la expectativa inicial que se forma el entrenador con respecto a sus jugadores puede determinar el mayor o menor progreso de los mismos. Inconscientemente (y a veces no tan inconscientemente), el entrenador tiende a dedicar más tiempo a establecer un mayor numero de comunicaciones y de contactos, a ofrecer más realimentación o feedback y mayores refuerzos a aquellos jugadores que, en su opinión, tienen mayor expectativa de rendimiento. 

Así, por ejemplo, ante un fallo cometido por un jugador sobre el que están depositadas altas expectativas, se suele reaccionar opinando que es debido a una inadecuada percepción o a la falta de dominio de una ejecución técnica y, en consecuencia, se le informa y/o se le corrige, es decir, se le proporciona un feedback eficaz, que le sirve de acicate y aumenta su motivación; mientras que el mismo fallo cometido por un jugador con una expectativa de rendimiento mediocre se considera normal y refuerza la expectativa que el entrenador se ha formado de él. 

Del mismo modo, ante un mismo acierto de ambos jugadores, generalmente al primero se le elogia (refuerzo positivo) y además, se eleva su techo competencial, haciéndole ver que puede hacerlo todavía mejor y cómo hacerlo, lo que constituye un acicate para su motivación; mientras que al segundo probablemente también se le elogia, pero con frecuencia evidenciando que ha sido la excepción que confirma la regla. 

De todo lo dicho se deduce la importancia decisiva que tiene para el entrenador y su función la opinión de partida que se forja de sus jugadores. Esta, por tanto, no pueda basarse en una información incompleta o sesgada, sino que ha de ser tan exhaustiva y objetiva como sea posible: 

.Recabando información de los entrenadores precedentes.  

Estudiando y analizando el rendimiento en las campañas anteriores.  

Revisando con atención el informe médico.  

Apreciando sus motivaciones y su perfil psicológico.  

Constatando su nivel físico y técnico mediante test.  

Estableciendo un sistema periódico de evaluación objetiva de su rendimiento y progreso que nos permita revisar continuamente las expectativas forjadas en torno a cada jugador.  

De cualquier forma, debemos creer firmemente, en especial en las etapas de formación, que todos los jugadores son susceptibles de mejorar y, en consecuencia, darles las opciones y los medios para demostrarlo, bien sea ayudando a lograr los objetivos propuestos a base de dedicar un tiempo extra a los menos eficientes, o bien clarificándoles el porqué de su pertenencia al equipo y siendo consecuentes con ello en los entrenamientos y en los partidos. 

Todos los entrenadores han aplicado el método de probar y errar para ir asegurando los medios más efectivos para orientar a sus jugadores. 

No creemos que exista el entrenador “ideal”, si para evaluadlo nos basamos exclusivamente en criterios como el del éxito en la competición, porque ese éxito depende de circunstancias tan dispares como la técnica, el talento, el carácter del equipo y a veces tan sólo de la suerte. Por eso, no debemos cifrar nuestra meta en lograr un campeonato cada temporada, especialmente si nuestro equipo es de formación, sino en disfrutar de los éxitos y analizar los fracasos, tratando de encontrar dónde está nuestro fallo en primer lugar, a pesar de la dificultad de ser objetivo con uno mismo, para reorientar la mejora permanente de nuestros jugadores, evitando caer en el error de inculpar exclusivamente a los mismos o a las circunstancias como, por desgracia, resulta tan frecuente. 

Mediante la información permanente, el estudio y el análisis de nuevos métodos y la observación atenta y crítica, ampliaremos la capacidad técnica y perfilaremos nuestra filosofía, consolidando nuestro comportamiento pedagógico y psicológico. 

Prestando atención a las reacciones de los jugadores ante el trabajo de los entrenamientos, evaluándolo y comparándolo en los éxitos o en los fracasos de la competición, encontraremos las fuentes de motivación y los estímulos para dotar a nuestros equipos del carácter y la cohesión imprescindibles para aumentar su rendimiento deportivo. 

Un equipo que se construye en función del talento de un par de jugadores exclusivamente, y al que no se le conduce a través de un proceso de aprendizaje coordinado y coherente en las sucesivas etapas, está muy condicionado en su futuro mientras que un equipo cohesionado, homogéneo, que trabaja con constancia y tesón para superar los objetivos propuestos en las sucesivas etapas y las metas trazadas, puede no estar en la cima continuamente, pero a la larga obtendrá el éxito.  

La comunicación

La comunicación, junto con la motivación, es el principal factor que influye en el aprendizaje. En el baloncesto y en el deporte en general la habilidad para una comunicación efectiva entre el entrenador y los jugadores, entre éstos y el entrenador y entre ellos mismos es imprescindible. 

A veces, cuando la comunicación no es eficaz, no indica exclusivamente falta de inteligencia o de interés, sino falta de destreza en el arte de la comunicación; es decir, que se carece de respeto y de confianza recíproca entre el entrenador y los jugadores, o de éstos entre sí. 

El entrenador debe crear una atmósfera en el equipo que proporcione al jugador la sensación de libertad para expresar sus ideas. Toda comunicación es una calle de “doble vía”; si es dictatorial y autoritaria, dificulta la armonía del equipo, ya que el total sometimiento a la voluntad del entrenador suele dar como resultado jugadores incompletos, tristes y deficientes en iniciativa y liderazgo. 

Para establecer esa doble vía de ida y vuelta es conveniente que el entrenador comparta determinadas vivencias y proporcione algunos datos a sus jugadores, que les permitan comprenderlo y conocerlo desde un punto de vista humano, así como su filosofía y su método de trabajo. 

La comunicación como fundamento en el entrenamiento y en la competición.

Cada comportamiento motor del jugador de baloncesto, cada acción técnica que realiza en un partido tiene una intención y, por lo tanto, un significado que está determinado por el contexto, al que a su vez modifica, cobrando un nuevo sentido que cada participante, compañero o contrario, debe interpretar para adecuar sus acciones y desplazamientos en función del nuevo patrón motriz técnico-táctico expresado por el jugador. 

En consecuencia, la existencia de estas conductas socio-motoras hace necesaria la elaboración y adopción de un código propio de signos y señales que faciliten la comunicación de nuestras intenciones a los compañeros (comunicación), o que perciban las intenciones de los adversarios (contra-comunicación)  

En un principio, los jugadores deben utilizar el lenguaje verbal para comunicarse, especialmente en defensa dónde, además de la función comunicativa en sí, cumple otras funciones tan importantes como el mantenimiento de la atención, el estímulo de la tensión y de la colaboración, y un efecto intimidatorio. Voces continuas del tipo “brazos”, “posición”, “defensa”, “tensión”, etc., emitidas con persistencia y convicción, contribuyen al logro de tales efectos. Asimismo, son útiles para la prevención y alerta los avisos de cortes, bloqueos y tiros de los contrarios; contribuyen a dar seguridad y a evitar la descoordinación los avisos de recuperación del balón en el rebote (“mío”), de intercepción (“balón”), o de fijación del adversario en posesión del balón (“botó”) para que los compañeros presionen la línea de pase a su par, incluso la asignación de adversario o la distribución en el balance defensivo de un contraataque adverso; también en la solicitud de ayuda defensiva o de cambio en el marcaje, etc.  

Sin embargo, poco a poco es conveniente disponer de un código gestual, porque es el idóneo cuando se está en una cancha de juego al ser más difícil de percibir e interpretar por los contrarios. Son los códigos gestemas. 

Ejemplos de estos gestemas pueden ser:  

Señal para un cambio de defensa establecido. 

Gesto para decidir un tipo de saque de banda determinado, o para iniciar una jugada concreta o un sistema de ataque estático o posicional.  

Brazo y mano para indicar el momento y dirección en que se quiere recibir el balón.  

Aguantando al contrario, marcar un puño para interpretar una puerta atrás.   Etc.  

Además, el baloncesto se basa en la interacción entre las posiciones de los compañeros y de los contrarios con respecto a las canastas y a la propia función del jugador, o papel fundamental que le toca asumir en el juego. Por tanto, los elementos fundamentalmente relevantes para la comunicación praxémica y en orden de importancia son:  

El balón.  

El jugador que ha pasado el balón.  

Las cestas.  

Los adversarios.  

Los compañeros.  

 Una temprana comprensión de la importancia del control y la percepción de estas interacciones intencionadas o praxemas es muy conveniente, por lo que deben incorporarse paulatinamente al entrenamiento enseñando a los jugadores a percibir y generar estos praxemas, a descifrarlos y a seleccionar las respuestas de acuerdo a su ventaja o peligrosidad. 

A modo de ejemplo de estos praxemas, podemos señalar:  

Pase y cambio de ritmo y de dirección indicando la devolución del balón ("pase y va")  

Diferentes situaciones de juego ofensivo según la dirección del balón y del desplazamiento del pasador.  

Cada vez que llevamos al jugador base contrario a una esquina para efectuar un “dos contra uno” (trap)  

Cada vez que el balón va de mi defendido hacia un Pivot interior, para ayudar la defensa de mi compañero.  

Las estrategias de defensas alternativas o cambiantes.  Etc.  

En resumen, tras la mejora general de la motricidad y al tiempo que se van dominando los fundamentos propios del baloncesto, hay que esforzarse para que nuestros jugadores comprendan y dominen el espacio sociomotor. Es decir, se debe proceder a la progresiva adaptación de las habilidades motrices básicas en condiciones de espacio y tiempo similares a las de la competición, percibiéndolas y comprendiendo su significado, pues no debemos olvidar que en el baloncesto predominan las conductas de decisión sobre las de ejecución. 

El espacio en el baloncesto es tridimensional (longitud, anchura y altura) y viene marcado por el reglamento. Aunque parece fijo e inamovible, basta la introducción de un elemento, el balón, para que el espacio sea diferente con respecto al equipo que está en posesión del mismo del que no lo tiene. Además, con respecto a la situación del balón, las acciones de los jugadores modifican el espacio al acercarse o alejarse de él; es decir, se crean nuevos espacios y se anulan otros. 

Los siguientes elementos cobran distinto significado y valor, según sea el papel o la función que adquiera el jugador en una situación concreta del juego:  

Líneas de demarcación y áreas restringidas.  

Distancia con respecto al balón, a las cestas, a los compañeros y a los contrarios.  

Trayectorias de los mismos.  

Espacios libres u ocupados.  

Velocidad del balón, de los compañeros y de los contrarios.  

Aceleraciones y desaceleraciones.  

Básicamente, son tres las funciones que el jugador puede desempeñar:  

Jugar en posesión del balón.  

Jugar sin balón, con el equipo en posesión de él.  

Jugar en defensa, con el equipo sin posesión del balón  

En la primera, cobra importancia la percepción de agrupaciones (sobrecarga) y dispersiones (división) de jugadores; de los espacios libres y ocupados; de las trayectorias y orientaciones de los compañeros y adversarios, como los desmarques o cortes de los compañeros hacia posiciones eficaces y en distancia de pase, las ayudas de los compañeros creando nuevos espacios mediante aclarados o bloqueos; de la distancia y ritmo necesarios para llegar antes y obtener una posición eficaz; etc. Todas ellas imprescindibles para desarrollar la capacidad de decisión ejecutivo-motriz. 

En la segunda, se debe percibir la trayectoria del balón, la de los adversarios, el ritmo de ambos, el espacio que se ocupa y la distancia con respecto al balón y la canasta, etc. para decidir desocupar el espacio ocupado (aclarar), ocupar un espacio libre (corte, finta de desmarque, ganar la posición, o crear un espacio (bloqueo, reemplazo o balance) 

En la tercera, es, si cabe, donde el campo visual y la percepción de distancias, espacios y acciones simultáneas adquieren la importancia más definitiva y, en consecuencia, la atención y la concentración han de ser llevadas al límite. Por eso la comunicación verbal es muy útil ya que permite alertarse, pues hay situaciones en que no se puede ver simultáneamente el balón, la canasta y a todos los adversarios, y se reacciona mucho más rápidamente a las señales auditivas que a las gestuales. En general, son importantes todos los recursos que permitan contrarrestar la iniciativa que, en buena lógica, corresponde al equipo en posesión del balón. 

Por todo lo dicho, es muy conveniente dedicar un tiempo extra al visionado de partidos propios y ajenos, mediante reproducciones de video para mostrar y guiar la percepción de todas estas señales significativas, mediante la selección o la capacidad de analizar varias acciones simultáneas y decidirse por la más conveniente en nuestra situación; la adaptación o capacidad de alternar la atención entre acciones sucesivas, (balance defensivo u ofensivo) y la concentración que evita la dispersión y mantiene una tensión constante para llegar a la anticipación. 

Procediendo de este modo, llegará el momento en que nuestros jugadores comprenden el porqué de las estrategias o sistemas y se identifican con ellos, tanto en defensa (que no es otra cosa que una ordenada ocupación de los espacios: tipos de zonas, individual, flotación, combinada..., de acuerdo a las características individuales y colectivas del equipo rival y de nuestro propio equipo), como en ataque (que consiste en la utilización de los espacios con arreglo a las situaciones previsibles más frecuentes y que más dificultades puedan crear al adversario) 

Llegados a este nivel de comprensión y percepción, dispondremos de jugadores creativos, con un elevado índice de iniciativa propiciado por la comprensión y coordinación de sus acciones simultáneas y alternativas. 

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