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Bobby Knight: Gestas y gestos

Merecía la pena asistir al clinic celebrado en Bilbao de este “gurú” del baloncesto para poder trasmitir a todos nuestros lectores esos pequeños detalles que diferencian a los entrenadores y que reiteradamente hacemos hincapié en nuestros escritos en la web. 
Juanjo Moreno s.j. comentaba que escuchar a Bobby Knight treinta y siete años atrás le supuso descubrir otro baloncesto del que él había practicado. A partir de ese momento su club adquirió una identidad propia basada en una dedicación importante en tiempo e intensidad al entrenamiento de la defensa sin faltas personales. Este es un detalle a recomendar a nuestros lectores.
Integrarse en la familia del baloncesto y crear amistades es otro punto a tener en cuenta por los entrenadores.
Asistir a un evento de este tipo te permite volver a estar con gente que son como de tu familia. Personas diversas, conocidas desde años atrás con la que, pudiendo haber tenido enfrentamientos deportivos u opiniones encontradas y pese a tener con unas más empatía que con otras, siempre es agradable encontrar al igual que ocurre, normalmente, con los familiares.
De Bobby Knight nadie pone en duda que fue un entrenador que marcó una época y que es respetado por toda la familia del baloncesto pero su conferencia en Bilbao discurrió fuera de guión, contrarreloj y bajo conceptos de baloncesto de los años 70.
Hablar hoy día de baloncesto sin contemplar la evolución de los jugadores y la del reglamento está fuera de contexto. Esto generó en mucha gente, algunos se habían desplazado desde puntos muy lejanos a la capital vizcaína para asistir al evento, una gran frustación paliada por la intervención final de Montxo Monsalve y Joxean Figueroa.
A lo largo de estos dos días, cena y clinic, pudimos apreciar el peculiar carácter del Coach Kneight no levantándose en el brindis final de la cena, interrumpiendo a Montxo Monsalve en su presentación, no saludando a su ex-jugador Lucas Recker o manteniéndose en silencio 24 segundos para demostrar cuan largo es este tiempo.

Todo ello nos ha llevado a confirmar que nosotros siempre admiraremos las Gestas de Bobby Knight pero no sus gestos.

El Baloncesto, un deporte de equipo

Si pensamos en el baloncesto, sin duda una de las primeras figuras que se nos representa es la del trabajo en equipo.
Entre sus principales valores resaltan:
El respeto por los compañeros, el equipo contrario, el árbitro, los entrenadores y por los símbolos (la camiseta, la cancha, los socios y el club)
La humildad para aprender y mejorar, para que los jugadores sean disciplinados y se esfuercen cada día un poco más.
La solidaridad y la lealtad con sus compañeros y los símbolos dentro y fuera de la cancha. Por y para sus compañeros del equipo para fomentar la camaradería, cumpliendo con aquello a lo que se comprometieron, con sus normas y reglas.
El sacrificio para dar todo, siempre. Para esforzarse cada día un poco más. Para sobreponerse a la adversidad. Para construir sus sueños. Para entregarse al equipo.
Cualquiera de estos valores podrían ser extrapolables a la gestión más deseada de cualquier organización empresarial.
La simplicidad hace poderoso al concepto de equipo, cuando se lleva con disciplina y determinación. El equipo es un grupo pequeño con una orientación y un compromiso claros. Pero formar un equipo para obtener buenos resultados, no es lo mismo que trabajar en equipo. Es interesante la diferencia que se establece: aunque el trabajo en equipo puede ayudar a alcanzar los objetivos, rara vez se consiguen.
Mientras que un grupo de trabajo depende de su líder para la asignación de las tareas y su integración en el conjunto, un verdadero equipo aúna la combinación de las habilidades de varios líderes.
La participación de los jugadores en el establecimiento de metas y objetivos, aspectos fundamentales, son elementos clave que junto a otros determinan su funcionamiento. El equipo debe plantear determinadas metas individuales y colectivas, dirigidas a la obtención de resultados.
Uno de los aspectos más influyentes y de gran significación práctica en la definición de las metas, es la participación. La eficacia del establecimiento de las metas se debe a una serie de factores, como tener una visión positiva del rendimiento individual y grupal incluido el entrenamiento, feedback sobre los progresos, bajos niveles de conflictos y de stress, y la participación de sus miembros en el establecimiento de las metas.
Estas características son fácilmente extrapolables a cualquier organización. La participación implica compromiso, contribución y responsabilidad, habilidades sumamente valoradas. Podemos afirmar que cualquier gestión de recursos humanos será más exitosa si existe participación real, lo que permite un mayor compromiso emocional con la tarea, con el grupo y con uno mismo. La participación en la definición de los objetivos implica que de una u otra forma en ellos están expresadas las metas individuales de sus integrantes.
El entrenador debe tener en cuenta estos aspectos porque ninguna meta que se establece fuera del equipo puede ser suya, sino que es externa a él. En el deporte se habla de una verdadera meta cuando es el resultado del proceso reflexivo de interacción conjunta de sus miembros que sólo se logra mediante la utilización de estrategias participativas. Está claro que si las metas son impuestas será muy difícil lograr un real compromiso de los componentes del equipo.

Como lo mencionábamos al inicio, el trabajo en equipo se ha vuelto una de las políticas más valoradas en cualquier organización empresarial. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que intentar imponer los objetivos y los medios colectivos conlleva riesgos. El trabajo en equipo no depende de la voluntad de sus integrantes, ni de un líder que guíe sus acciones, sino de un trabajo mucho más profundo que involucre a toda la organización y que forma parte de un largo proceso. Esta es una de las principales causas del éxito de aquellos grupos deportivos y organizaciones que han logrado verdaderos equipos de trabajo.

Evolución Social del Deporte

La política es uno de los elementos que más ha transformado el deporte de nuestro tiempo, el deporte como ocio pasivo. 
El deporte es un gran ocio activo pero por las estadísticas del número de personas que se sientan ante la televisión o por la presencia directa en las competiciones deportivas se deduce que es el más importante ocio pasivo. Es decir que el deporte, que por esencia es actividad física, se ha convertido en un ocio pasivo.
El deporte cumple funciones muy distintas en la sociedad:
El deporte como educación, como elemento de integración, para la adquisición del carácter, para aprender a colaborar con los demás, para la adquisición de valores de tipo pedagógico-social, etc.
El deporte como higiene física, como prevención y recuperador de la salud, como terapia, etc.
Las funciones que cumple el deporte en nuestra sociedad se reducen a dos grandes direcciones:
El deporte como espectáculo, desarrollado por unas demandas concretas de la sociedad actual.
El deporte como práctica, el que subsiste como lo que era originalmente, el deporte práctica, el ejercicio físico.
El deporte como espectáculo.
El deporte es una de las grandes fuerzas sociales. El deporte contemporáneo existe en todas las culturas con modalidades de uno u otro tipo y con mayor o menor significación social. Son los llamados deportes populares. Pero cuando se habla de deporte hoy no se hace referencia a ese tipo de modalidades deportivas populares.
A principios del siglo XX, el exhibicionismo moderno descubre en los políticos que el deporte es una gran ocasión de propaganda de un sistema, de un gobierno, porque el deporte tiene un lenguaje fácil, inteligible por todas las mentalidades. Y entonces el deporte se convierte en uno de los modos más habituales de diálogo, buscando el prestigio internacional. Pero como no se puede entablar diálogo internacional decoroso sin grandes campeones, aparece la búsqueda directa de los grandes campeones, la separación de los mejores en grupos especiales.
Así, los grandes campeones no son producto natural de una masa de practicantes; son buscados y logrados “artificialmente” en pequeños grupos seleccionados. El número de campeones olímpicos no hace referencia alguna al desarrollo del deporte en un país a otros niveles. El número de campeones olímpicos es consecuencia de una organización técnico-científica para fabricar campeones, de ahí viene la gran escisión entre la masa de practicantes y el nivel de los grandes campeones. A veces sucede que un país donde se practica mucho el deporte, también tiene organizada la fabricación científica de campeones, y entonces coincide, pero no son producto del número elevado de practicantes.
El deporte de base, como actividad formativa integral del hombre, y el deporte de elite, de alta competición, son dos deportes que tienen objetivos distintos con presupuestos económicos distintos.
La función educativa del deporte
El deporte-práctica tiene muchos valores pedagógicos. Uno de los aportes importantes a la función educativa y de comportamiento es el valor comunitario de la actividad deportiva.
El hombre se especifica como hombre, es decir se humaniza alejándose de los animales por dos cosas: por el trabajo y por la cultura de la comunicación. El hombre se aleja de la vida animal porque, junto con el repertorio de conductas que también tienen los animales, el hombre instaura una cultura independiente del mundo instintivo, base de la comunicación. Así, aparece la vida comunitaria.
La capacidad de comunicarse con los demás le humaniza, le convierte en hombre y le aleja de los animales. Los animales tienen un tipo de comunicación, no tienen cultura, no tienen superestructuras por encima del comportamiento instintivo. El hombre crea estructuras prescindiendo del comportamiento instintivo, y estas estructuras son el trabajo y la comunicación.
El deporte, sobre todo el deporte colectivo como el baloncesto, como comunicación, puede considerase como un elemento básico de estructura comunitaria de nuestro tiempo. El deporte es una conducta corporal, elemental e inteligible. Pero es una conducta no meramente animal porque es una conducta corporal marcada de signos de significaciones corporales, marcadas de reglas metodológicas.
El hombre ha evolucionado su cerebro por el lenguaje. Sin embargo el lenguaje ha dividido al hombre por la variedad de idiomas. Tenemos en el deporte una conducta sencilla inteligible que supera las barreras idiomáticas.
La práctica del deporte lleva todas las características que los sociólogos definen como dinámica de grupo. En el deporte se instaura una relación espontánea de un individuo con otro por medio de un lenguaje comprensible.
Frente a la gran crisis de valores estereotipados a que asistimos en el mundo actual, debe existir la búsqueda de un entendimiento sencillo de valores universalmente aceptados. El terreno deportivo es un lugar donde los ciudadanos superan sus discrepancias, aprenden a entenderse y a participar. En el deporte existe originalmente este valor de tendencia comunitaria.
Uno de los grandes valores del deporte es su poder de integración comunitaria por su condición lúdica, por su condición de juego. Uno de los dramas de la sociedad de nuestro tiempo con respecto al deporte, es que en muchos aspectos ha dejado de ser un juego, se ha trascendido excesivamente casi se ha sacralizado elevándolo a categorías que están por encima de lo que es. El deporte es importante pero no es más importante que la sociedad; más importante es la economía, y es la ciencia, y es el arte y es la política también como organizador de la vida comunitaria del hombre.
El deporte tiene que estar en su sitio; es un lugar de diversión, un gran lugar de entretenimiento.
“Ni siquiera es propio de los filósofos tomarse las cosas demasiado en serio”

Si no es propio de los filósofos, menos de los deportistas, menos debemos tomarnos el deporte trágicamente, si no como un gran juego que siempre tiene que conservar su condición lúdica que es la que tienen los niños cuando juegan, se organizan y se divierten, niños que a veces nos enseñan a reflexionar sobre la realidad del deporte.


Educación deportiva

Los efectos positivos del deporte se conocen desde hace mucho tiempo. Aparte del impacto directo que tiene sobre el organismo (fortalecimiento del sistema cardiovascular, aumento de la masa muscular, mejoramiento del estado físico), el deporte puede ser escuela de vida. 
El deporte en edades escolares es un medio excelente de educación como posibilidad de formación lúdica, motriz y deportiva, como posibilidad de desarrollo personal, y como posibilidad de adaptarse a una sociedad rica en formación de valores. 
La condición lúdica del deporte es la esencia de lo humano. La actividad lúdica en el deporte refleja la forma en que el individuo actúa, comprende y se relaciona con el mundo que le rodea. Como en cualquier estructura lúdica ponemos en conexión nuestro mundo personal con el mundo social en el que vivimos; en este sentido nos preparamos para la vida.
“La práctica deportiva se convierte en una necesidad para conservar o recuperar el equilibrio vital”.
El deportista asume los valores y los comportamientos del grupo en que se integra, y ello supone relación social, convivencia, integración y aprendizaje de normas y reglamentos; además favorece la absorción del individuo por parte de la sociedad, así como la correcta comprensión, por parte del individuo, del tipo de realidad social.
Para la formación de valores, el proceso de socialización juega un papel fundamental. Este proceso se presenta con características bien definidas en cada período del desarrollo humano.
El deporte ha de centrase en el trabajo progresivo desde la base. El proceso de socialización transcurre en diversas etapas en las que cada una tiene gran importancia en el proceso instructivo-educativo en la formación del individuo. Por ello todo el Entrenador no puede dejar de tener en cuenta las características físicas, psíquicas y sociales de la etapa en que se encuentran sus jóvenes jugadores a la hora de concebir, planificar y ejecutar la sesión de entrenamiento.
En este sentido, el Entrenador tiene la responsabilidad de actualizar constantemente sus conocimientos sobre las características del desarrollo evolutivo que se manifiesta en los jóvenes a los cuales debe instruir y educar adecuadamente.
Por esta razón, la práctica de actividades deportivas por sí misma no garantiza el desarrollo a un nivel de convicción de estos valores en los jugadores a su cargo si no está implícito en la actividad la intención y la valoración del efecto educativo producido en el alumno.
Muchos entrenadores desarrollan la actividad de forma exclusiva sobre los aspectos técnico-tácticos. Algunos piensan que la educación en valores puede resolverse con la propia actividad instructiva; y otros, lo consideran una pérdida de tiempo que va en contra de los objetivos de rendimiento.
Los que piensan así, aquellos que no han vivido experiencias educativas con sus jugadores, no saben la extraordinaria potencialidad que están dejando escapar pues todo lo que en ese sentido se haga con los jóvenes va a repercutir en sus vidas, no sólo como deportista, sino como ciudadanos conscientemente comprometidos con los mejores valores de la sociedad en que viven.
Valores en el deporte
El deporte permite vivir experiencias de solidaridad y confianza que, a su vez, promueven la formación de una identidad. Enseña valores esenciales y destrezas de vida que incluye la confianza en sí mismo, el trabajo en equipo, la comunicación, la inclusión, la disciplina, el respeto y el juego limpio.
El deporte proporciona igualmente beneficios psicológicos sobre los estados de decaimiento y sobre la mejora de la concentración. Tiene un impacto positivo en la educación del joven con cuya práctica frecuentemente mejora su habilidad para aprender, aumenta su concentración y su rendimiento en general.
Su práctica dispensa muchos aspectos positivos relacionados con el desarrollo humano, sobre todo cuando es practicado en las actividades de tiempo libre en que el joven se libera de sus actividades estudiantiles y de los compromisos de carácter social. Ofrece beneficios en los aspectos físico, psicológico y terapéutico y contribuye a la educación, promueve la participación social, la competitividad y el desarrollo intelectual del individuo.
El deporte también promueve el intercambio sociocultural y, en este contexto, promueve también los valores humanos y universales, como la disciplina, el sentido del equipo y de colectividad, la solidaridad, la comprensión y la tolerancia.
También ofrece la oportunidad de exploración e incorporación de valores éticos. Una serie de factores contribuye de manera positiva para que el joven deportista desarrolle sus potencialidades y, entre éstos, el principal es la oportunidad de inserción en un grupo con objetivos comunes.
Podemos identificar diversos aspectos positivos de los valores humanos asociados a la práctica deportiva. Entre éstos, los que conciernen a la formación del individuo, los educativos y culturales; a la salud y a la mejora de la condición física; a la formación del carácter y de la personalidad (psicológico y social) y la elevación del espíritu humano.
Mientras practicamos el deporte acondicionamos nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu buscando fuerzas y armonía para realizar la actividad y superar nuestros propios límites; aceptamos las reglas y nos enfrentamos con lo inesperado, aceptamos los desafíos de la competición (ganar o perder, pero siempre intentando aprender con ambos resultados), buscamos esa superación de los límites físicos y psicológicos.
También nos supeditamos a los valores de la solidaridad, de la amistad y del compañerismo mientras participamos con el equipo en los entrenamientos y las competiciones. La competición es el momento de poner el cuerpo, la mente y el espíritu en una unión de esfuerzos para la victoria, lo que lleva el mensaje de la superación y de la elevación del hombre a una fase superior.
Para el deportista, entender el proceso de la formación deportiva, de la acción de jugar y de la competición e incorporar esos valores, será tan fundamental como el respeto a las reglas y la confianza necesaria en el equipo para la práctica deportiva.
El baloncesto eleva los valores humanos y tiene el poder intrínseco de unir a las personas.
Es trabajar junto con otras personas para lograr un mismo fin. El deporte nos enseña las ventajas de la cooperación.
Es la habilidad de transmitir conocimientos, ideas o emociones a otras personas y de escuchar y comprender las suyas.
Es el modo más fácil de que otros comprendan nuestras necesidades.
Contiene reglas que los jugadores tienen que respetar para poder practicarlo (número de jugadores, tiempo, tanteo, faltas de juego…) La vida también tiene reglas.
Al competir con otros jugadores aprendemos a desarrollar estrategias, que, dentro de los límites establecidos por las normas, nos permiten lograr nuestro objetivo. Estas estrategias agudizan nuestro ingenio y pueden ser aplicadas en diferentes situaciones.
El jugador tiene que estar atento a las situaciones de juego que se producen, a las personas que le rodean, y adaptarse a ellas o fracasará en sus objetivos.
Fortalece nuestras relaciones con otras personas y nos hace estar cerca de ellos de un modo especial. El esfuerzo común, los éxitos, los fracasos y el aprendizaje nos ayudan a comprender a la gente, y no sólo a aquellos que hacen deporte con nosotros.
Todo rival es importante y cualquier compañero de juego puede ser decisivo para ganar. Gracias al deporte aprendemos a valorar y respetar a los demás por sí mismos y a no menospreciar a quienes juegan con nosotros o contra nosotros.
La tecnología avanza y hay tareas que cada vez requieren que nos esforcemos menos. Esto es positivo, pero no puede llevarnos a pensar que en el deporte todo puede conseguirse sin esfuerzo.
Todo el respeto y la aprobación conseguida por la victoria se perderían ante la falta de respeto por el esfuerzo ajeno.
Perder no es una humillación, sino una parte más del juego.
Por su naturaleza intrínseca, el deporte tiene que ver con la participación, la integración y el sentido de pertenencia. El deporte une a los individuos y a las comunidades, realzando los puntos en común y superando las brechas culturales y étnicas. El deporte proporciona un foro para aprender habilidades tales como la disciplina, la confianza y el liderazgo, y transmiten principios fundamentales que son importantes como la tolerancia, la cooperación y el respeto.
La conciencia de que todos somos moldeados por nuestro patrimonio cultural influye en cómo interpretamos el mundo que nos rodea, en el conocimiento de nosotros mismos y en la relación con otras personas.
La “conciencia de la cultura” es primordial para conocer las formas en que los individuos expresan y representan su arraigo o pertenencia a un cierto grupo social. El sentido de pertenencia a un grupo o una comunidad, es decir, lo que significa “ser miembro de”, es evocado constantemente. Es a través de esto que las personas toman conciencia de su cultura, es decir, que su comportamiento (valores, destreza, conocimiento, etc.) es su distintivo.
El sentimiento de pertenencia a un grupo es un fenómeno social. El deporte en general, y en particular el baloncesto, es uno de los mejores ejemplos en donde el sentido de pertenencia al grupo es un hecho.
El sentido de pertenencia
El ser humano necesita sentirse parte de un proyecto, una empresa, una idea; necesita del sentido de pertenencia que facilite su horizonte existencial. El sentido de pertenecía es lo que sentimos cuando formamos parte de algo.
Es reconocer la pertenencia a un determinado grupo social. La expresión se entiende como la relación y apego hacia un grupo, equipo, municipio, provincia o nación con la que se identifica el individuo. Es la expresión concreta de adhesión a rasgos específicos y característicos de la cultura que sintetizan perfiles particularmente sentidos de identidad cultural.
El sentido de pertenencia es una dimensión subjetiva de la cohesión social. Está constituido como un conjunto de percepciones, valoraciones y disposiciones. Remite de forma central al tema de las identidades, de la comunidad de pertenencia y de las identificaciones posibles “que permiten a la sociedad permanecer unida”. En consecuencia, la clave a esta temática es el “nosotros”.
El sentido de formar parte de una comunidad, de un algo más grande que nosotros mismos, no es el resultado de nuestra condición de animales sociales, sino, más bien, consecuencia de una reflexión racional y ética como seres humanos.
Cuando una serie de particularidades comunes a un colectivo sirven para distinguirlos de los demás, creando premisas para el auto-reconocimiento como parte integrante del mismo, los vínculos de interacción grupal entre los miembros se hacen más sólidos y coherentes, tanto dentro como fuera del contexto de referencia. Se establece, pues, una identidad colectiva que traza y norma los mecanismos internos para la acción, la conservación, el desarrollo y mediación de las relaciones con otros grupos.
Cada integrante toma conciencia como individuo de estos códigos grupales y se siente “portador y representante del universo simbólico que recrean como grupo”. Esta peculiaridad relativa a la forma de adhesión a los rasgos distintivos de la identidad cultural es el llamado sentido de pertenencia, que implica una actitud consciente y comprometida afectivamente ante un determinado colectivo, en el que el individuo participa activamente.
Los vínculos de pertenencia pueden ser múltiples respecto a una misma persona, de acuerdo a la diversidad de roles e interacciones en que participe a la largo de su vida.
En el resumen de conclusiones de la Mesa Redonda de Expertos en San Remo, organizada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas en septiembre de 2001 dice:
“No es necesario que un grupo esté unido para ser reconocido como un determinado grupo social; es decir, no hay necesidad de demostrar que todos los miembros de un grupo se conocen o asocian entre sí”.
El grado de compromiso individual y colectivo, así como los vínculos afectivos que se consolidan mediante el sentido de pertenencia son tales, que aún en los casos en que cesa la relación activa con el medio que lo origina, puede mantenerse la identificación con sus valores representativos, mientras estos no entren en conflicto con los valores más básicos de la identidad personal.
La duración de este lazo emotivo es, por tanto, indeterminada. La fuerza del sentido de pertenencia en muchas ocasiones pervive como una latencia emotiva relacionada con aquellos rasgos distintivos de la identidad colectiva que todavía tienen sentido para el individuo.
Todos los que de alguna forma hemos participado activamente en el deporte de la canasta, somos parte de su cultura. Nuestra cultura deriva de aquellos que nos precedieron y engendraron en nosotros la pasión por este deporte.

El estudio de la historia del baloncesto identificando a los personajes innovadores que favorecieron la evolución y la mejora de las habilidades directivas de nuestro deporte, de los jugadores referentes que han dejado huella por sus cualidades técnicas y humanas, etc. y del recuerdo de los más próximos que nos precedieron y nos engancharon a este deporte en nuestros primeros pasos, fortalecen nuestro sentido de pertenencia como generador de cohesión inter-grupal que permite afianzar nuestra identidad personal.

Rendimiento deportivo 

La preparación de los equipos de baloncesto ha evolucionado lentamente debido a que la mayoría de los entrenadores son reacios a cambiar o modificar sus ideas sobre la organización y distribución de las facetas del entrenamiento, muchas de las cuales están firmemente arraigadas a lo largo de décadas. Esta evolución se ha producido muchas veces a través del método de ensayo-error de destacados entrenadores. En su mayor parte, la ciencia del deporte ha explicado a posteriori los mecanismos por los cuales funcionan ciertas facetas del entrenamiento.
Cada modalidad deportiva demanda la aplicación de métodos de entrenamiento específicos o la adaptación de los ya existentes a las demandas actuales que plantea cada deporte.
El entrenamiento específico se inició primero de forma intuitiva y fragmentaria, y más tarde en base al análisis de las distintas demandas. Antes, el entrenador contaba solamente con algunos conocimientos empíricos, su intuición y su creatividad. Hoy en día todo ello sigue siendo fundamental pero la preparación en el deporte de alto nivel no lo podemos imaginar sin la ayuda de las Ciencias del Deporte y de la Teoría del Entrenamiento, y por tanto se hace imprescindible el apoyo de especialistas que aporten sus conocimientos en todos los ámbitos relacionados con la actividad deportiva.
El rápido avance de la investigación aplicada al deporte ha permitido el paso hacia una estructuración depurada del entrenamiento. Sin embargo, aún quedan por resolver gran cantidad de problemas de organización y de seguimiento de los progresos mediante la comparación periódica respecto de las metas predefinidas así como sobre la manera de optimizar el rendimiento.
El entrenamiento moderno precisa de la integración de los aportes procedentes de diversas áreas del conocimiento. Las innovaciones en las técnicas de entrenamiento y las mejoras subsiguientes en el rendimiento deportivo será consecuencia de la estrecha relación entre los deportistas, entrenadores, especialistas e investigadores del conocimiento general y práctico de la Fisiología Deportiva, la Biología, la Psicología, la Sociología y la Medicina.
Para llevar a buen término las exigencias de su labor el entrenador debe apoyarse en expertos profesionales que lleven a efecto una responsabilidad parcelada. En el deporte de alto rendimiento se necesita del aporte de profesionales cualificados para llevar a cabo un esmerado entrenamiento técnico-táctico específico, que resuelvan los problemas derivados de las demandas del juego, y una preparación física adaptada para acometer con éxito el volumen de las cargas cada vez más exigente. Esto será posible con el apoyo de un amplio grupo interdisciplinar: entrenador ayudante, entrenador asistente, entrenadores especialistas, experto en análisis y edición de video (scouting), preparador físico, servicios médicos, fisioterapeuta, masajistas, responsable del material, etc. que cubran las demandas inherentes a la actividad.
En el baloncesto moderno la preparación físico-técnica-estratégica con profesionales especializados en cada área se va convirtiendo en una realidad. Hay que partir de una idea básica: la concepción total de la actividad.
En el aspecto individual no se puede considerar la naturaleza física, psíquica, nerviosa, emocional, social, etc. del deportista de manera genérica. Cada sujeto es único; esto nos conduce a la necesidad de individualizar el entrenamiento físico y técnico.
En lo colectivo, la fragmentación delegada de las responsabilidades técnico-tácticas permitirá alcanzar objetivos que de otra forma serían inalcanzables:
Definición de los ciclos de entrenamiento a corto, medio y largo plazo.
Los métodos de entrenamiento adaptados a las características del grupo y que favorecen en mayor medida la consecución de los objetivos que se planteen.
Las cargas físico-técnicas de los deportistas y su secuenciación.
Las rutinas de entrenamiento.
Las soluciones a los problemas de la preparación:
Preparación física (general y especial).
Preparación técnica.
Preparación táctica.
Preparación psicológica (moral y volitiva).
Preparación teórica (intelectual).
Los aspectos técnicos de mejora y reforzamiento.
Los sistemas ofensivos y defensivos, en diferentes situaciones de tiempo-tanteo, adaptados a las características de los jugadores.
El scouting. Análisis de los equipos adversarios con todos los medios posibles. Conocimiento de los adversarios en el aspecto individual y colectivo. Etc.
Un aspecto hoy día imprescindible es el dominio de los protocolos de control del entrenamiento, así como el conocimiento de métodos de valoración veraz. A través de estos dominios el entrenador será capaz de:
Comprobar el efecto del entrenamiento y la evolución del equipo.
Individualizar la preparación física y técnica.
Conocer los rasgos de especificidad del baloncesto.
El entrenador debe comprender la estrecha relación existente entre el entrenamiento y la consecución del rendimiento deportivo. El deporte profesional, exponente máximo del fenómeno deportivo, se caracteriza por:
Sucesivo aumento del nivel de los resultados deportivos, de por sí ya elevado, que requiere un perfeccionamiento de los sistemas de preparación de los jugadores, de los medios y de la planificación a largo plazo.
Mayor igualdad en las competiciones, que hace incrementar notablemente la tensión en las mismas, ante la posibilidad de que cualquiera puede vencer. Ello ocasiona una búsqueda de mayor calidad en las diferentes facetas del entrenamiento, tales como las preparaciones física, técnica, táctica, psicológica y biológica, para permitir alcanzar el éxito individual y colectivo.
Dificultad de seguir incrementando la especificidad del entrenamiento, lo que condiciona formas nuevas de estructurar la organización del mismo para seguir explotando las reservas de la capacidad de rendimiento. Se ha de considerar que en la actualidad, el entrenamiento genérico, que hace años era un elemento fundamental en la planificación y la programación tradicional del proceso de preparación, sólo se utiliza en el deporte de alto nivel como medio de descanso activo.
Imposibilidad de seguir aumentando los ya elevadísimos volúmenes de entrenamiento lo que obliga a la individualización del proceso de entrenamiento en una buena parte de las sesiones.
Solución de diferentes problemas metodológicos del entrenamiento. Hasta no hace mucho, la actuación intuitiva y el buen sentido del entrenador tradicional eran elementos suficientes para la creación de métodos de entrenamiento. Actualmente, los elevados niveles de entrenamiento han originado que los planteamientos metodológicos tengan que ser resueltos mediante un trabajo interdisciplinario y científico del entrenador con otros profesionales: en lo técnico con entrenadores especializados en la Técnica Individual, en las adaptaciones estratégicas a las características de los jugadores, en los trabajos de scouting, en las parcelas defensivas, etc., en la preparación física con el apoyo en expertos en las ciencias de la actividad física y del deporte, y otras ciencias afines. En el estado de conocimiento actual parece lícito establecer que la forma metodológica más adecuada para seguir incrementando los niveles de rendimiento deportivo se encuentra en la utilización de los modelos de la actividad físico-técnica de entrenamiento en las mismas condiciones de la competición, lo cual la convierte en el centro de interés de la teoría del entrenamiento.
Por tanto, destacamos el carácter multidisciplinar de la preparación de los equipo de alto rendimiento y como consecuencia la necesidad de la formación en Gestión, Organización y Ciencia del Deporte de los entrenadores jefes.
Además, creemos que los entrenadores han de mantener siempre su actividad pedagógica, en cualquier etapa, enfocada al desarrollo global de la personalidad, con vistas a conseguir aumentos óptimos de rendimiento y éxitos en la competición a través del entrenamiento exigente. La preparación centra su interés en la mejora efectiva de la capacidad de rendimiento deportivo, tanto individual como de equipo, pero ejerce siempre un efecto sobre la personalidad del deportista en su conjunto. Todo entrenador tiene que ser consciente de esta interacción para valorar por igual en sus decisiones el aspecto pedagógico y metodológico deportivo.

El avance del conocimiento no tiene que limitarse al deporte de alto nivel, sino que puede aplicarse, en su justa medida, a otros numerosos campos de intervención como el deporte formativo. El objetivo último puede ser, además del alto rendimiento deportivo, la obtención de otras muy diferentes metas que el individuo pueda marcarse como valor.

Evolución de los Conocimientos Técnicos

Durante el siglo pasado algunos entrenadores desarrollaron ciertas técnicas específicas del baloncesto, muchas de los cuales han tenido un impacto imitador importante y duradero en muchos entrenadores.  
Aquellos entrenadores tuvieron una visión y confianza en sus ideas para adentrarse por caminos desconocidos y apostar por ellos, pero conviene saber que los argumentos de esos entrenadores, aunque puedan servir de inspiración, dependen en gran medida del método de ensayo-error.
Las desventajas de este método son principalmente dos:
A menudo existe un error en las técnicas propuestas por defecto en la lógica biomecánica y se suele fallar más que acertar. Hay que tener en cuenta que las técnicas han sido propuestas tradicionalmente por técnicos en baloncesto sin preparación en los saberes del comportamiento del cuerpo humano.
El método del ensayo-error puede compararse a un método indiscriminado en que cierto número de factores cambian continuamente, a menudo al mismo tiempo, en un intento por determinar la “mezcla correcta”. Si el rendimiento mejora, resulta difícil identificar la razón exacta. Tal vez el entrenador haya tenido suerte o haya dado con un deportista de un potencial genético excepcional, en cuyo caso no importará cómo se entrene el deportista, pues mejorará de cualquiera de las formas. Por otra parte, las técnicas que en años anteriores podían ser eficaces se basaban en exigencias que nada tienen que ver con las competencias actuales. 
Los conocimientos han evolucionado en gran medida debido a las observaciones, muchas veces a través del método de ensayo-error de destacados entrenadores.
En su mayor parte, la ciencia del deporte ha desempeñado un papel a posteriori, explicando los mecanismos por los cuales funcionan ciertas prácticas. Han sido pocos los adelantos que los entrenadores han aportado a los deportistas mediante “investigaciones de laboratorio” con base sólida.
La evolución técnica del baloncesto es lenta debido a que la mayoría de los entrenadores son reacios a actualizar sus ideas, firmemente arraigadas a lo largo de décadas, sobre la técnica individual y los sistemas de entrenamiento. Respecto a los grandes jugadores, persuadirles para que modifiquen o amplíen su bagaje técnico es difícil.
Hoy en día, la ciencia del deporte está haciendo contribuciones válidas y necesarias para preparar a los jugadores de baloncesto en su búsqueda de nuevos niveles de rendimiento.
La teoría del entrenamiento como ámbito científico se ha convertido en una disciplina en torno a la cual los más cualificados científicos y técnicos deportivos han ido descubriendo nuevas formas de trabajo, las cuales han acabado favoreciendo la mejora de los deportistas.
A través del deporte se ponen en práctica las teorías científicas y se observan sus resultados de una manera idónea. Por eso no es de extrañar que desde diversas Ciencias (Medicina, Fisiología, Biología, Psicología, Sociología,…) hayan surgido aportaciones valiosas para progresar en el rendimiento deportivo.
Es de esperar que las innovaciones futuras en las técnicas de entrenamiento y las mejoras subsiguientes en el rendimiento deportivo surjan de la estrecha relación entre los entrenadores, especialistas, deportistas y científicos del deporte que aporten un conocimiento general y práctico de la fisiología deportiva.

Al igual que sucede en otros campos, los avances que se producen en el entrenamiento de los deportistas de elite terminará aplicándose más tarde en el baloncesto recreativo y en el baloncesto formativo.

El juego en equipo 

En los últimos años los fundamentos técnicos han evolucionado espectacularmente cambiando los sistemas ofensivos. Probablemente continuarán cambiando. Los cambios en la reglamentación, por ejemplo la canasta de tres puntos, también favorecen esta evolución cambiado la filosofía sobre el juego de muchos entrenadores. Anteriormente a esta regla, los jugadores grandes dominaban el juego y para hacerles frente los equipos tenían como primer objetivo defensivo cerrase sobre la canasta. 
El tiro de tres puntos ha cambiado todo el esto. Esta regla ha abierto el juego y las defensas deben salir fuera del perímetro de juego. Es normal ver en los equipos el uso de múltiples ataques para los jugadores del perímetro. Algunos incluso tienen sus equipos ofensivos y defensivos, alternándolos libremente según las necesidades.
Los sistemas han evolucionado hacia un juego más directo, apoyados en la técnica de los jugadores. El entrenador debe aprovecharse de las capacidades individuales, pero nunca permitir que las individualidades controlen el juego. El estilo de juego debe estar basado en el buen equilibrio ofensivo, la ejecución oportuna de los sistemas del juego y una buena sincronización.
Equivocadamente, los jugadores suelen ser clasificados por unas valoraciones post-partido basadas en las estadísticas. No se tienen en cuenta diversos intangibles importantes, y esencialmente las diferentes responsabilidades de cada puesto. En la siguiente relación se observan esos intangibles y otras consideraciones que pueden servir para definir las cualidades de los jugadores:
Instinto.
Atención. Concentración.
Capacidad de seguir instrucciones. Disciplina.
Capacidad de lectura del juego.
Conocimiento del juego.
Agresividad. Determinación.
Entusiasmo. Trabajo duro. Orgullo.
Deseo de jugar.
Ética de trabajo. Responsabilidad.
Capacidad de asociación. Cooperación.
Capacidad defensiva individual.
Capacidad defensiva en equipo.
Capacidad ofensiva individual.
Capacidad ofensiva en equipo.
Capacidad de rebote.
Capacidad de buenos tiros.
Selección del tiro.
Capacidad para penetrar.
Capacidad de dribling.
Capacidad de buenos pases.
Condición física.
Coordinación física y mental.
Movimiento de pies.
Velocidad.
Capacidad de reacción.
Capacidad de salto.
Actualmente el término estrategia individual tiene un amplio campo de aplicación, que anteriormente se le negaba por el uso de sistemas corales con poca o nula definición, de modo que cada jugador puede jugar en cualquier posición. No obstante, cada jugador tiene unas responsabilidades concretas, un papel específico dentro del contexto del equipo.
A continuación se muestra las responsabilidades ofensivas por posiciones para comprender la importancia del juego en equipo, no como agrupación de individualidades.
EL JUGADOR BASE
El jugador base hace funcionar el equipo y controla las opciones interiores. Su papel es tan importante para el equipo que es realmente una extensión del entrenador en el campo de juego. Debe tener estas cualidades:
Conocimiento instintivo del juego.
Buen manejo del balón.
Buen pasador.
Debe poseer velocidad y buen movimiento de pies.
Buen driblador con cualquier mano.
Debe poder efectuar una fuerte defensa.
Debe poder tirar desde el exterior cuando su defensor ayuda.
Penetrar y asistir. 
Debe saber leer defensas.
Sobretodo, su ego no debe interferir en su con su juicio.
Normalmente, el jugador base recibe poca publicidad por su juego; pero su entrenador y compañeros de equipo saben de su valor.
EL ESCOLTA
El escolta es generalmente el mejor tirador de los jugadores exteriores. Las cualidades que necesita poseer son:
Conocimiento instintivo del juego.
Buen pasador.
Debe poseer velocidad y buen movimiento de pies.
Buen driblador con cualquier mano.
Debe poder efectuar una fuerte defensa.
Debe se buen anotador, capaz de tirar desde todas las posiciones. Toma el control del juego con sus capacidades atléticas excepcionales.
Debe poder tirar desde 6,25 con seguridad.
Debe penetrar y asistir.
Debe saber leer defensas.
Debe saber moverse sin balón.
Debe ser un estudioso del ataque de modo que pueda moverse para provocar situaciones de ventaja y hacer funcionar el ataque si en ese momento ejerce de base.
EL ALERO
El alero es el jugador más dotado del equipo. Debe poseer las características siguientes:
Debe ser rápido.
Debe ser buen reboteador.
Buen pasador.
Debe poder defender en cualquier espacio de la cancha.
Debe se buen anotador, capaz de tirar desde todas las posiciones.
Debe correr en todos los contraataques.
EL ALA-PIVOT
No recibe mucho reconocimiento. Debe tener las siguientes características:
Debe ser un reboteador sólido ofensiva y defensivamente. Junto con el jugador pivot, controla el área cerca de la canasta. Muchas de sus características deben ser similares.
Debe ser un pasador apto.
Debe ser un anotador seguro.
Debe poder adaptarse rápidamente en los contraataques.
Debe estar bien coordinado con el pívot en los movimientos de poste alto-bajo.
EL PIVOT
El jugador pivot, junto con el base, es posiblemente el jugador más importante del equipo. Normalmente, es el jugador más alto. Las cualidades que debe poseer son:
Tener buen movimiento de pies.
Ser buen reboteador, agresivo e intimidador de tiros cercanos. Necesita ser un poco arrogante alrededor de la canasta. Él es el amo de la pintura. Debe probar por sus acciones que ese territorio es suyo.
Debe ser un buen anotador de tiros cortos y medios. Debe tener un buen repertorio de tiros y fintas en ambos lados de la canasta. Necesita desarrollar un tiro corto de gancho y de salto.
Debe dirigir la defensa, hablando siempre con sus compañeros de equipo.
Buen pasador y buena lectura del juego para pasar al jugador libre.
Debe saber leer cómo le defiende su par y las ayudas para sacar ventajas.

Debe tener manos fuertes y buena capacidad de salto.

Valores formativos

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El deporte es una necesidad individual y social cuya influencia se pronuncia cada vez más entre las actividades del hombre.  
El baloncesto sorprende por la rapidez y amplitud de su progreso y se impone por la atracción que despierta. Incita a la acción, competición, superación del esfuerzo, y como tal debe ser orientado y dirigido, asegurando así su utilización como agente educativo.
De la comprensión, organización y acción orientadora del directivo, del coordinador y del técnico, dependen los beneficios que puede proporcionar. Sus efectos sobre la salud, sobre la moral, su influencia social, su acción sobre el carácter y su influencia sobre las cualidades intelectuales de sus alumnos serán, con toda certeza, benéficos si la orientación que se da a su enseñanza y a su práctica está perfectamente de acuerdo con los principios fundamentales de la educación.
Por el contrario, practicado bajo la forma de “rendimiento” que, por nuestra manera de pensar, pudiera ser calificada de “desvirtuada”, puede transformarse en fuente de peligros morales, físicos y sociales.
El espíritu de vencer a todo precio es la tendencia de los deportes modernos. En esas condiciones, no es al deporte del baloncesto al que debemos recriminar, sino a aquellos que lo utilizan para sus intereses, desvirtuando su verdadera finalidad, la educación, dentro de un marco deportivo con normas en el desarrollo físico, técnico, táctico e intelectual acorde a la etapa de formación.
Aceptamos el baloncesto como uno de los agentes fundamentales de la educación física, juntamente con los juegos y la gimnasia. Esos tres factores constituyen los medios de que se vale la educación física para contribuir eficientemente a la valiosa obra educativa general. El deporte en sí es una finalidad inmediata, en cambio lo intelectual y lo moral son fines mediatos. El entrenador que dirige su acción al perfeccionamiento con fines exclusivos de rendimiento no ejerce la función más importante de su labor cual es la educativa, la formación integral del individuo.
El desenvolvimiento muscular armónico, la belleza, control y naturalidad de los movimientos, el desenvolvimiento de las cualidades físicas (fuerza, velocidad, destreza, precisión, resistencia, etc.), de la eficiencia física, de las habilidades utilitarias y recreativas que caracterizan fundamentalmente las actividades físicas, son dignos de consideración en todos los sistemas de educación física, tanto como la obra educativa general.
El desenvolvimiento de la energía y firmeza de la voluntad, la formación del carácter, la objetividad de la conducta, el equilibrio emocional, de las cualidades personales (comprensión, cordialidad, respeto al prójimo, solidaridad, cooperación, buena voluntad, generosidad, honestidad, lealtad, disciplina, responsabilidad) son cualidades para cuya realización el baloncesto, bien orientado y dirigido, puede contribuir de manera importante.
El mundo moderno requiere hombres equilibrados - mental, emocional y físicamente - que agreguen a su energía una voluntad sólida para resistir los vicios de la sociedad actual y una amplia capacidad de producir y colaborar colectivamente en la sociedad.

Ese equilibrio de las fuerzas físicas, mentales y morales, tan necesario para la formación integral del hombre, justifica la orientación del esfuerzo educativo.

El valor del rebote defensivo

Los medios técnicos para realizar tantas encuestas y estadísticas como nos rodean progresan con gran celeridad. Sin embargo, su interpretación, las conclusiones a las que estos datos nos llevan, no es una facultad abierta a cualquier persona ya que necesita de unos conocimientos y una sensibilidad, sobre el tema tratado, muy especial. 
El baloncesto no se ha sustraído a todo este mundo y lo que hace un tiempo era una toma de datos de la actuación del jugador hoy nos ha llevado a cuantificarla de una manera uniforme sin que se tenga en cuenta ni los valores intangibles que se aportan al juego ni la diversidad de roles que hay dentro de cada equipo.
Con demasiada reiteración se leen crónicas que, basadas en las estadísticas y sus valoraciones, tratan de analizar la actuación de un jugador o de un equipo sin contemplar ningún otro parámetro y sin tener en cuenta que algunas de estas valoraciones favorecen a determinados puestos de juego.
Desde la premisa de que la posesión de balón vale un punto el actual sistema de valoración premia con este valor las recuperaciones o castiga con el mismo valor negativo las pérdidas. En consecuencia la obtención de un rebote ofensivo se premia como una recuperación, con un punto.
De inmediato nos surge una pregunta ¿el baloncesto es un juego en el que cuando se lanza a canasta, atacantes y defensores tienen las mismas posibilidades de obtener el rebote?
Si obtener el rebote ofensivo tiene valor de recuperación ¿Quién lo ha perdido? ¿No es el defensor quien más ventajas posiciónales tiene? Podríamos decir, incluso, que el defensor tiene la obligación de hacerse con el rebote defensivo y que conseguirlo es una labor de equipo.
Con el actual sistema de valoración la distracción o desidia del defensor que permite al atacante hacerse con el rebote no es penalizada favoreciendo a los jugadores interiores, que a su vez cuentan con menos posibilidad de penalizaciones al no manejar el balón y apenas realizar penetraciones largas, sobre los exteriores.
El análisis de las últimas temporadas nos dan un dato revelador: dos tercios de los rebotes totales son defensivos frente al tercio restante que son ofensivos. Este dato nos permite plantear que el rebote ofensivo, con valor de un punto, fuese descontado, a su vez, como “pérdida del defensor” y que, puesto que no se puede determinar al defensor que lo ha permitido, bien podría descontarse en conjunto.
Por consiguiente, los dos tercios de rebotes defensivos, con valor de un punto, se verían reducidos por el tercio de los ofensivos quedando su valor individual reducido a la mitad, es decir, a medio punto.

Esta valoración de medio punto por rebote defensivo creemos que se ajusta más a la realidad del juego donde, tras un tiro a canasta fallado, el rebote no tiene las mismas posibilidades de ser capturado por los defensores que por los atacantes.

Sistemas para equipos de formación

Un objetivo largamente perseguido por los entrenadores del baloncesto de base es desarrollar las capacidades necesarias para construir un juego colectivo libre, elaborado por iniciativa de los jugadores a partir de su percepción del juego y sin intervención del entrenador.  
Las fórmulas de juego utilizadas, muy elementales como corresponde a las etapas de iniciación, tienen un tiempo de caducidad. No es posible alargar en el tiempo un tipo de juego en el que se aplican conceptos genéricos elementales –espacios, pasar y cortar, reemplazos- cuando, avanzadas las etapas de formación, los jugadores necesitan, para su crecimiento integral como jugador de baloncesto, la utilización de conceptos de juego específicos acomodados a sus capacidades técnicas-tácticas-físicas-psicológicas.
Para la progresión de las enseñanzas tácticas algunos entrenadores recurren, por desgracia, a anticuados sistemas rígidos como Flex Offense. Como resultado esos entrenadores consiguen que parezca que sus jugadores juegan en equipo, lo que agrada a los puritanos del juego de pases, pero la elección de este tipo de sistema, que es el menos formativo de cuantos pueda elegir, le llevarán al fracaso en su labor como formador de jugadores de baloncesto.
Con este tipo de sistema la indefinición del juego no es lo más grave sino la imposibilidad de aplicaciones individuales técnicas y estratégicas y la demora en aprender recursos estratégicos específicos de obligado conocimiento.
Desde la segunda etapa de formación de los jugadores de baloncesto de base el sistema de juego, en todas sus fases, debe regirse por unos principios y normas que permitan el mejor aprovechamiento de los recursos individuales. En esta etapa entramos en el mundo de los conceptos ofensivos y defensivos. Además, desde la etapa de formación de referencia es obligado el desarrollo de los conceptos desde la libre decisión, para que los jugadores puedan poner en juego sus estrategias individuales.
Para cubrir estas necesidades el entrenador tiene que actuar en diferentes frentes:
La enseñanza de los conocimientos teóricos generales.
El entrenamiento técnico y su aplicación en el juego.
La enseñanza de estrategias individuales y la toma de decisiones correcta.
La enseñanza de conceptos específicos.
La mejora de la capacidad para enlazar las acciones colectivas de forma natural.
Estos planteamientos nos llevan a considerar como inadecuados los sistemas de juego rígidos que, como el sistema nombrado anteriormente, restringen la capacidad de lectura del juego y las habilidades técnicas de los jugadores.
Del mismo modo, deben rechazarse formas de ataque con participación limitada de jugadores y espacios, con conceptos específicos cerrados de resolución directa. Sirva como ejemplo la utilización del Pick and roll de forma independiente y fuera de un contexto de juego colectivo con opciones de libre decisión.
Los entrenadores de baloncesto hemos de adecuar, para los equipos de base, un sistema ofensivo que contenga los máximos conceptos específicos con opciones múltiples por lo que les recomendamos el estudio de los sistemas Diamond & Post (D&P) y Direct Action Offense (D.A.O.)
Independientemente de las diversas características del grupo de jugadores que cada entrenador dirige, que deberán ser tenidas en cuenta, estos sistemas se adaptan perfectamente a las condiciones de juego expuestas y son idóneos para ser utilizados, cada uno de ellos, desde la segunda y tercera etapa respectivamente.

Estos sistemas son de largo recorrido y pueden ser utilizados también en la etapa última de rendimiento.

Educación deportiva

El entrenador de baloncesto debe saber que es algo más que un instructor de movimientos complejos. Es un educador, y debe estudiar y asimilar las leyes del aprendizaje y de la enseñanza. “Entrenar constituye un auténtico ejemplo de psicología aplicada basada en la experiencia”. 
El entrenador de base debe educar, es decir, desarrollar todas las habilidades de los jugadores, disciplinar su voluntad, moralizar su conducta, sugerirles ideales e ilusionarles por alcanzar la mejor disposición física y mental. En una palabra contribuirá a formar su carácter y a desarrollar su voluntad para alcanzar el mejor rendimiento.
Los deportes bien dirigidos contribuyen al desarrollo educacional y social del individuo. El terreno de juego es un laboratorio práctico con situaciones aplicables a la vida real. Los entrenadores, por el interés natural de los jugadores, asumen una autoridad amplia y, por tanto, los métodos docentes del entrenador pueden mejorar o malograr el carácter y el anhelo de los jugadores.

El entrenador de base debería ilusionar a los jugadores en los mejores ideales de rendimiento. Este es el trabajo más importante a desarrollar con los jóvenes a su cargo, objetivo nada fácil pero admirable.

Los Fundamentos Técnicos

El baloncesto es un deporte único porque, posiblemente, no sólo es el mejor juego de equipo sino que también es el mejor juego individual. El jugador de baloncesto está directamente condicionado por los fundamentos que posee. Con el dominio de los fundamentos, el jugador no solo progresará en sus conocimientos, sino que también construirá su confianza y le ayudará a jugar mejor, reflejándose directamente en el éxito del equipo. Además de las capacidades físicas, el talento de los jugadores es lo que determina el éxito. Con la habilidad técnica el jugador adquiere la confianza necesaria para que pueda hacer brotar el talento individual.  
El entrenador deberá comprender que la técnica no es algo rígido e inmutable. Para que los aspectos técnicos tengan efectos prácticos tienen que ser incorporados por el propio jugador. El buen jugador de baloncesto es aquel que, adquirido el automatismo, es capaz de aportar algo original.
En el baloncesto existen dos términos que definen el desarrollo del proceso de asimilación técnica: “transferencia o transmisión ” y “aplicación”. El primer objetivo que deberá afrontar el jugador de baloncesto en el aspecto técnico será el dominio del balón, su manejo y automatismo. Si este tipo de entrenamiento de las habilidades no se “transfiere” a ejercicios en competición, en situación real, la fijación del gesto no será posible. De acuerdo con lo anterior, el entrenador deberá abrir campo de “aplicación” técnica en los partidos para que el jugador pueda poner en práctica aquello que entrena.
La confianza en el manejo del balón se va adquiriendo poco a poco. El progreso se obtiene con los entrenamientos y la competición. Los entrenamientos están hechos para crear confianza, para mejorar las habilidades individuales y colectivas en situaciones de juego; la competición sirve para evaluar el efecto del entrenamiento y para conocer los puntos débiles.

El aprendizaje de los fundamentos técnicos se convierte en el primer y más importante objetivo. Este trabajo técnico deberá iniciarse en edades tempranas y se mantendrá durante toda la vida deportiva.

Las estadísticas y el rendimiento

Las acciones que un jugador de baloncesto realiza en la cancha tales como los rebotes en ataque o defensa, los tiros convertidos o fallados, las recuperaciones o pérdidas del balón etc., pueden ser contabilizadas para un análisis posterior al partido. Este control estadístico es llevado en los equipos profesionales por sistemas especializados, y encomendado en los equipos de base al delegado. 
El entrenador debe realizar un análisis de las estadísticas de su categoría para establecer unos objetivos, individuales y colectivos, altos pero alcanzables. Con este estudio el entrenador puede establecer el número de rebotes, pérdidas de balón, porcentajes de tiro, etc. Los datos recogidos en el control estadístico de cada partido permiten comprobar el grado de cumplimiento de los objetivos.
Actualmente a todas aquellas acciones se les da una valoración. No solamente se habla del jugador que más rebotes o canastas de cierto tipo ha conseguido sino del "más valorado". Esto es inexacto, y desde un enfoque moral injusto, por cuanto un jugador sin iniciativa, que aporta poco al rendimiento del equipo, puede obtener una valoración positiva.
De comienzo plantearemos tres observaciones respecto a (los elementos de uso extraídos de) las estadísticas:
Estos datos solamente sirven como evaluación del cumplimiento de objetivos.
Las puntuaciones obtenidas son relativas.
Las clasificaciones de las estadísticas nada tienen que ver con los resultados obtenidos en una competición, por ello, y dependiendo de los partidos acumulados, el primer clasificado no tiene por qué tener la mayor puntuación positiva.
A continuación destacaremos que hay un parámetro que aunque registrado en la estadística no se utiliza en la valoración: el tiempo de juego.
Relacionar la valoración del jugador con los minutos de tiempo de su de participación en la cancha nos dará su rendimiento, su grado de colaboración con el equipo, coeficiente interesante para el entrenador, el jugador y por qué no, para el aficionado.
El rendimiento por minuto de un equipo se obtiene al dividir los puntos de valoración, tomados de la estadística, por los minutos de juego posibles (40) y la media de rendimiento del jugador por minuto al dividirlo nuevamente por el número de jugadores en pista (5). Es decir, 200.
El resultado comparado con el individual del jugador (valoración/minutos de juego) y multiplicado por sus minutos en juego nos dará su rendimiento grado de cooperación por encima o debajo de la media del equipo.
Sirva este ejemplo para aclaración al lector
Valoración del equipo: + 50 puntos.
Media por jugador y minuto de juego: 50:200=0,25

Un jugador que disputa 10 minutos debería alcanzar un rendimiento de 0,25x10=2,50. La cifra que obtenga el jugador determinará su grado de participación, es decir su rendimiento.

La evolución del juego

El baloncesto evoluciona constantemente. Muchos de los sistemas y conceptos utilizados pasan al olvido en la medida en que los entrenadores profesionales cambian sus filosofías sobre el juego, obligados por los cambios en la reglamentación, confirmando sistemas más actualizados.
Un buen sistema de juego debe estar siempre al tanto de la evolución general del baloncesto. Hace años, el desconocimiento de conceptos específicos, el bajo nivel técnico de los jugadores y la reglamentación en uso dio lugar a la existencia de determinados sistemas que incomprensiblemente han permanecido vigentes hasta la fecha.
La introducción de la regla de 3 puntos originó una transformación profunda del juego, lo mismo que la regla de los 24 segundos de posesión. Con estos cambios los entrenadores han necesitado evolucionar hacia un baloncesto con resolución de la posesión del balón más directa.

En el baloncesto moderno el pase debe utilizarse como un fundamento técnico, no estratégico. Los sistemas rígidos con bloqueos, pases, desplazamientos y vuelta a empezar, que causan tanto daño al progreso y al rendimiento de los jugadores, tienden a desaparecer, cediendo la hegemonía del juego a la creación y utilización de espacios que permiten desarrollar, en acciones directas de 1x1 y 2x2, las capacidades individuales de los jugadores.

Ya no es un juego de pases

La evolución del baloncesto, motivada unas veces por las modificaciones en el reglamento y otras por la continua mejora técnica de los jugadores, provoca que constantemente se estén adecuando los sistemas de juego. 
Los cambios en la reglamentación son los que han producido las transformaciones más importantes y en especial la introducción de la línea de 6,25 dando valor de tres puntos a las canastas convertidas desde esa distancia.
La introducción de esta regla de juego ha dado lugar a situaciones que hasta ese momento no existían :
Nueva definición de la distancia atacante - defensor con lo que se han favorecido los espacios.
Liberación del área de juego cercana a la canasta.
Cambio de los criterios estratégicos de los últimos segundos por la posibilidad de realizar lanzamientos de dos o tres puntos.
Cuando todas las canastas de campo tenían el mismo valor, las defensas se cerraban en la zona para evitar el juego en su interior y las penetraciones hacia la canasta. A su vez, los atacantes pasaban el balón de un lado a otro del campo para provocar desequilibrios a la defensa en su recuperación y, de esta forma, jugar 1 x 1 contra su defensor.
Ahora, esta regla ha creado la necesidad de defender a los jugadores situados en el perímetro, en la línea de 6,25, cambiando el concepto de la defensa de la línea de fondo del campo.
Los defensores se ven obligados a situarse en posiciones más abiertas para evitar los tiros de tres puntos con lo que interfieren las líneas de pase dificultando la circulación del balón.
A su vez, los atacantes buscan las penetraciones centrales hacia canasta que generan pases que propician los tiros de tres puntos por lo que los defensores tratan de forzarlos hacia las bandas.

Todas estas modificaciones han originado un cambio importante del juego en general, por lo que se puede hablar de un baloncesto de antes y otro de después de la introducción de esta norma de la línea de 6,25.

Sistemas de juego

Sistema de juego significa la disposición de fuerzas en el campo. Pero esto no significa pensar en formas rígidas.  
La amplia gama de la individualidad de los jugadores, las innumerables posibilidades de las diversas situaciones presentadas en el espacio y el tiempo, y la mejora de las condiciones físicas y atléticas en defensa por un lado y de las capacidades técnicas individuales en ataque por otro, no permite que el sistema ofrezca restricciones y movimientos rígidos.
Está ampliamente reconocido que los sistemas de ataque semi-rígido y los que utilizan conceptos de juego con normas de juego libre son los que mejor pueden explotar las virtudes técnicas de los jugadores y, por lo tanto, los que alcanzan los mejores rendimientos.
El sistema depende de, además de las reglas del juego, también del grado de desarrollo táctico y técnico de los jugadores.
¿Qué es lo exigible en un buen sistema de juego?
El sistema debe ser sencillo, comprensible y fácilmente realizable en la práctica.
Debe facilitar en igual proporción, tanto el ataque como la defensa. El entrenador que presta mayor atención al ataque que a la defensa, puede ocasionar fracasos porque no toma en cuenta una importante parte integrante del baloncesto: la obstaculización de los ataques del adversario. Así, pues, el sistema debe ser equilibrado.
El sistema debe ser elástico, aplicable contra todos los adversarios, pudiendo acaso realizar en él pequeñas modificaciones sin variar esencialmente las bases del sistema de juego fijadas y practicadas por los jugadores.
Debe asegurar la ocupación adecuada y proporcional del terreno por los jugadores.
Debe prevalecer en él el principio de la responsabilidad hacia el conjunto, la base de lo cual es la responsabilidad individual, sirviendo los intereses del conjunto.
El sistema de juego debe ofrecer posibilidades para que la transición de la defensa al ataque, o al revés sea rápida y eficaz.
Un buen sistema de juego siempre está al tanto de la evolución del baloncesto. Esta evolución está motivada de vez en cuando por modificaciones en el reglamento, y por la mejora técnica y de aspectos tácticos y estratégicos en constante transformación.

A soluciones defensivas ante determinadas acciones se aplican modificaciones sutiles en ataque que vienen a complicar aquellas estrategias. Siempre se habrá de tener en cuenta estas posibilidades al crear el sistema, evaluando las nuevas experiencias. Así pues, el sistema de juego debería ser el espejo de la evolución general del baloncesto.

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